La Rosa Mística y un ritual que se volvió tradición

- 18 de diciembre de 2018 - 00:00
Peregrinos pronunciaron cánticos religiosos a la Rosa Mística (advocación de la Virgen María) en el inicio de la decimosegunda procesión que se realizó el pasado 13 de diciembre en Chongón.
Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

Desde hace 12 años, cada 13 de diciembre, los pobladores de Chongón realizan una procesión en homenaje a la advocación de la Virgen María.

Aunque San Jerónimo es desde la época del coloniaje el patrono de Chongón, la imagen de la Rosa Mística (advocación de la Virgen María) es también una tradición en esta parroquia urbana de Guayaquil, situada en el km 24 de la vía a la Costa.

En 2006, uno de sus habitantes, el ya fallecido psicólogo Roberto Vernimmen, en sueños tuvo la visión de celebrar a la Rosa Mística con una procesión que salga de su casa, llegue a la iglesia San Jerónimo y regrese.

“Pese a que mi padre entró a la iglesia nativa del Fuego Sagrado de Itzachilatlan, nunca dejó de ser católico. Habló con la comunidad, con el párroco de la iglesia y tomó la iniciativa de hacer la procesión cada 13 de diciembre”, explicó su hija Lupita, quien sigue la tradición.

El pasado jueves se realizó la decimosegunda romería. Como todos los años, los peregrinos se convocaron al final de la tarde en el Centro Holístico Yololo, hogar de los Vernimmen, y desde allí partieron en la noche con la imagen sobre una especie de altar cubierto con rosas y telas de colores, el cual fue cargado por dos personas. Una de ellas es Xavier Valencia, el organizador.

“Luego de esa visión, el doctor Vernimmen hizo un altar y una capillita en su casa donde los días 13 de cada mes le rezamos el rosario y en diciembre salimos en procesión por unas diez cuadras”.

Niños acólitos de la iglesia de San Jerónimo participaron en la caminata con la Rosa Mística, ataviados con las indumentarias litúrgicas.Niños acólitos de la iglesia de San Jerónimo participaron en la caminata con la Rosa Mística, ataviados con las indumentarias litúrgicas. Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

En medio de la caminata las voces se fundieron con el rezo del rosario y cánticos religiosos. Otros fieles se unieron a la marcha por algunas calles que evidenciaron falta de arreglo, higiene e iluminación. Una situación que pasó desapercibida en medio del misticismo que generó la advocación.

En el grupo destacó Luis Torres. No ha faltado a una sola romería. Contó que los médicos le dijeron que podía perder la visión por una afección, pero que su fe por la Rosa Mística lo sanó. “La Virgen ha intercedido ante Dios para curarme. Soy un católico comprometido”.

En el recorrido los peregrinos “sintieron” la presencia de Dios. Lo gritaron con sus miradas, sus gestos y voces hasta que llegaron a la iglesia, donde a la vista de San Jerónimo el sacerdote ofreció una misa especial. Al término, los peregrinos nuevamente regresaron caminando hasta Yololo, donde la imagen fue devuelta a la capilla.

Las apariciones de María en la advocación de la Rosa Mística empezaron en 1947, ante la enfermera Pierina Gilli, en un hospital de Montichiari, norte de Italia, según datos históricos.

En su primera presentación, la Virgen tenía el pecho atravesado por tres espadas que, desde la segunda (el mismo año), fueron reemplazadas por tres rosas: blanca, que simboliza el espíritu de oración; roja, el de reparación y sacrificio; y dorada, el de penitencia.

El suceso se difundió por el mundo y desde entonces la comunidad católica la llamó Rosa Mística y la venera cada 13 de julio.

En Ecuador, la manifestación cultural-religiosa quedó arraigada desde noviembre de 1990, cuando se reportó que la imagen de Olón (Santa Elena) lloró sangre. Esto dio paso a la edificación del santuario sobre un peñasco, en la Ruta del Spondylus. (I)

La imagen de la Rosa Mística (c) tras su llegada a la iglesia. También constan la de Cristo resucitado (i) y la de San Jerónimo, patrono de Chongón.La imagen de la Rosa Mística (c) tras su llegada a la iglesia. También constan la de Cristo resucitado (i) y la de San Jerónimo, patrono de Chongón. Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

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