Cristo Negro navegó en las aguas del río Daule

- 08 de septiembre de 2019 - 00:00
DAULE.- La efigie viajó por 45 minutos por el manso afluente. El festejo católico se realiza en el cantón Daule, todos los años, cada 7 de septiembre.
Foto: Jimmy Tapia / El Telégrafo

La imagen pasó por 14 orillas donde los pobladores católicos levantaron rústicos altares. El turismo y la venta de comida típica matizaron el evento.

Un guardia y una señora adulta mayor discutieron enardecidamente en el muelle de la cabecera cantonal de Daule (Guayas). La mujer, que estaba en la mañana de este sábado 7 de septiembre de 2019 en una fila de más de 200 personas, le riñó porque no la dejó subirse rápido a una de las embarcaciones atracadas en el muelle Señor de los Milagros.

A las treinta naves, que se mecieron al vaivén de las aguas del río Daule, se subieron creyentes y turistas que participaron en la procesión del Cristo Negro, cuyo origen tiene distintas versiones que hasta se remontan a la época colonial.

Una señala que el 13 de febrero de 1648, en el tiempo que era prohibido el ingreso de los subyugados a las iglesias, un esclavo negro entró a la primera capilla de la entonces llamada Villa de Santa Clara para orar y tocó la imagen del Señor de los Milagros para pedir favores. Cuando fue sorprendido por el sacristán, el religioso lo castigó con azotes y prisión.

Al día siguiente, la imagen del santo Cristo, que era blanca, fue encontrada teñida del mismo color del esclavo, lo cual fue interpretado como la predilección del Señor por los pobres y una protesta a dicha injusticia.

Cientos de personas, atraídas por esta historia, participaron este sábado 7 de septiembre de 2019 en el rito promovido por la comunidad católica del cantón. La imagen fue trepada a una barcaza ancha, adornada con flores, y custodiada por las fuerzas públicas y el párroco Omar Mateo.

Durante 45 minutos, la efigie navegó por las orillas de recintos, donde asoman casas de caña sostenidas por delgados pilares de madera.

De los caseríos salieron sus habitantes, quienes al paso de las embarcaciones los saludaron con movimientos de manos. Muchos, sobre lomas pedregosas, improvisaron altares con sábanas blancas en las que estaba pintado el Cristo Negro.

Cristo NegroLos habitantes del sector rural San Pablo mostraron su homenaje al Cristo Negro. Los moradores de la zona le piden fertilidad para sus tierras.  Foto: Jimmy Tapia / El Telégrafo

Niños, mujeres embarazadas, hombres del campo, perros sin raza y plantas matizaron el recorrido en el que los feligreses coreaban melodías.

Las zonas rurales de Rinconada y Sagrado Corazón formaron parte de las 14 estaciones. Al paso de la figura encendieron fuegos artificiales que resonaron por los aires.

Elaina Huayamabe, de 58 años y pobladora de Naupe, sitio en el que terminó la procesión a la que acudió para mostrar su fe en el Cristo. “Tengo buena salud y eso es por el Cristo Negro”.

Por su parte, Teresa Sevillano, de 29, no ha sido beneficiada por un milagro ni se ha enterado de ninguno, sin embargo, por tradición concurrió a las orillas del afluente para recibir al Cristo de “piel” oscurecida.

En Naupe, los habitantes sacaron sus parrillas de metal y mesas para aprovechar la presencia de miles de personas. Pusieron música y una humareda con olor a chuzo y carne asado salió de las casas esquineras.

Asimismo, un bar, el Copacabana, sin puertas ni ventanas, lució lleno de caballeros que tomaban cerveza para amortiguar el intenso sol del sábado 7 de septiembre. En tierra, la efigie fue conducida a la Iglesia del pueblo.

Los creyentes acompañaron de nuevo a la imagen en procesión, ahora por la calle. Dos guardias que participaron en el evento de la mañana se aconsejaron dormir un poco por la tarde porque el festejo continuaría. (I)

Antecedentes
Historia
Según algunos textos, cuando descubrió que Cristo se había hecho negro, la primera cosa que pensó el sacristán era que algún esclavo lo había pintado. Por eso intentaron “limpiar” a Cristo, para que volviera a ser blanco.       

7 kilómetros de distancia es trasladada la imagen en el agua; y en tierra, 3 kilómetros.  

Mejoras
Entre los 1684 y el 1694, Isidro de Veinza y Mora -casi completamente ciego- hizo una promesa: se comprometía a restaurar los restos del Cristo Negro, que estaba en pésimas condiciones.   

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