En Guayaquil solo existen 25 centros de rehabilitación legales para personas que no pueden controlar el consumo de sustancias psicotrópicas. De ese grupo, 23 establecimientos son privados, uno es administrado por la Junta de Beneficencia de Guayaquil y uno es público.
Pero los últimos informes de la Dirección de Salud Mental de la Dirección Provincial de Salud determinan que todavía existen “clínicas” para adictos que operan al margen de la ley. En los últimos seis meses, por decisión de la comisión interinstitucional que regula el funcionamiento de los centros, se ha cerrado nueve establecimientos.
Estos lugares, entre ellos las “clínicas” Faith y Salva tu vida “son centros que nunca han tenido permisos y al clausurlos tienden a cambiar de domicilio, con lo cual operan desde la clandestinidad”, explica Eva Cevallos, directora de Salud Mental.
Julio tiene 25 años de edad, estuvo en un centro que funcionaba sin permiso, con una metodología que dista mucha de la señalada por la Ley Orgánica de Salud Pública.
Ex consumidor de cocaína y pasta base, recuerda que en el encierro los insultos y el maltrato eran parte de la terapia que recibió hace dos años en un centro ubicado en el norte de la ciudad.
“Hace dos meses ya no funciona ahí, yo no denuncié los maltratos porque mis padres no me iban a creer, iban a pensar que era solo un invento para largarme, yo solo quería salir de ahí, aguanté hasta el final”, revela.
Las clínicas privadas Nueva Luz, Celare, Iluminar, Despertar, Receptividad, Sinaí, Z, Unidad de Control de Adicciones del Instituto de Neurociencias, y el Centro Estatal del Consejo Nacional de Control de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas (Consep) son las entidades que funcionan con permisos otorgados por el Ministerio de Salud, según Eulogio Vera Sánchez, coordinador de Vigilancia Sanitaria.
“Para ingresar a un paciente, el padre o representante debe pedir siempre el permiso de funcionamiento otorgado por el Ministerio de Salud”, aconseja Vera.
En la Unidad de Control de Adicciones (privada) ofrecen rehabilitación para adictos. Susana Ordóñez, su administradora, señala que el tratamiento dura seis meses.
“La mitad de los pacientes ingresa voluntariamente, porque va a perder su trabajo o por insistencia de sus padres; el resto viene obligada”.
Para evitar demandas por ingresos forzosos, un médico del Ministerio de Salud debe emitir un certificado de que el paciente necesita el tratamiento.
En el cuarto mes los pacientes pueden salir de la unidad y reciben medicamentos para calmar la ansiedad por las drogas.
El tratamiento completo cuesta entre $ 750 y $ 1.200, según el tipo de habitación que se alquile. Otras clínicas privadas ofrecen el tratamiento por $ 250 y $ 800 mensuales.
En el 2012 se construirá un segundo centro de rehabilitación público y gratuito en Guayaquil, la propuesta deberá ser aprobada por la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades).
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