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Ecuador/Dom.9/May/2021

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La formación del Estado ecuatoriano en el siglo XIX

07 de diciembre de 2014 00:00

Sobre el nacimiento del Estado y la República del Ecuador siempre me han intrigado las estrategias que los ‘padres de la patria’ debieron emprender para gobernar un país fragmentado desde su nacimiento, en medio del caos y la anarquía que dejaron las guerras de independencia. Aquellos ‘pioneros criollos’ de los que habla el historiador Bénedict Anderson tuvieron que enfrentar un sinnúmero de problemas y construir un país de la nada, resultado de las negociaciones políticas de las élites de Quito, Guayaquil y Cuenca, aquel agosto de 1830.

Y es que, indudablemente, el enmarañado proceso de formación de los Estados nacionales en América Latina surgió desde la necesidad que tenían las élites criollas de autogobernarse, aunque se mantuvieron intactas las relaciones de poder entre las distintas capas sociales. 

Si bien se produjo un importante cambio sociopolítico, los criollos tuvieron que legitimar su dominio, empleando tácticas que implicaron la formación de entidades políticas, administrativas y judiciales represivas. Pero el Estado se convirtió, a la par, en el mayor productor de discursos destinados a sumar lealtades patrióticas y así lograr alguna cohesión social para garantizar su permanencia en el tiempo.

Esto es decisivo en la formación de los Estados nacionales latinoamericanos, cuyas élites criollas generaron y reprodujeron prácticas, discursos e imaginarios nacionalistas relacionados con la construcción de identidad, al tiempo que implementaron políticas que garantizaron la presencia del Estado en prácticamente todos los órdenes de la vida social.

Este proceso ocurrió de la siguiente manera:

1. Luego de la etapa independentista se fortaleció el sentimiento antiespañol, lo cual catalizó un incipiente espíritu patriótico, recogido, por ejemplo, en piezas literarias y musicales, como el Himno Nacional del Ecuador (1865), creación del político y escritor conservador Juan León Mera. La creación de los símbolos patrios fue clave en la construcción de un imaginario nacional.

2. Se erigió una memoria pública que se sostuvo en el recuerdo de los ‘héroes de la independencia’, en su mayoría criollos. Esto supuso construir ‘lugares de memoria’, como monumentos, plazas, arcos triunfales, así como la elaboración de un calendario de fiestas cívicas que se convirtió en el santoral de un nuevo culto: la ‘religión’ del nacionalismo.

3. Desde los primeros años de la vida republicana del Ecuador se utilizó la prensa como un instrumento que ayudó a reforzar la presencia del Estado y particularmente de los sectores dirigentes.

4. Se desplegó un aparato castrense al servicio del poder estatal, cuyo verdadero proceso de formación profesional se inició en el primer gobierno de Eloy Alfaro Delgado (1895-1901).

5. Se organizó el Estado como un ente burocrático, lo cual significó que tomara a su cargo tareas como “la de institucionalizar su autoridad a lo largo del territorio nacional, la de administrar varias ramas de la cosa pública y, por fin, la de crear símbolos con el propósito de hacer de la población del país una entidad colectiva”.1

6. La lucha de los liberales radicales por arrebatarle el control de la educación a la Iglesia le aseguró al Estado su primacía en la formación de conciencias laicas, lo que se hizo latente en la necesidad de “construir instituciones que pudiesen imponer una uniformidad nacional, para lo cual fue necesario desarrollar la educación pública”.2

7. El diseño y organización de un sistema punitivo que se implementó en el país, a partir de estudios de ilustrados criollos como Vicente Rocafuerte, en su Ensayo sobre el nuevo sistema de cárceles (1830) y la construcción de un aparato penitenciario, evidenció tempranamente el interés del Estado en articular un poder disciplinario relativamente fuerte, destinado a reprimir tanto a delincuentes como a los enemigos políticos de los regímenes de turno.

En toda América Latina, estos mecanismos de orden sociopolítico tradujeron el esfuerzo de las élites criollas en crear “comunidades imaginadas” y Estados nacionales, en la búsqueda de cohesión social.

1. Juan Maiguashca, ‘El proceso de integración nacional en el Ecuador: el rol del poder central, 1830-1895’, en Historia y región en el Ecuador: 1830-1930, Quito, CEN, 1994, p. 357.

2. Guadalupe Soasti, ‘La formación de los primeros ciudadanos ecuatorianos.  Política y educación en el Ecuador, 1835-1845’, en Marta Irurozqui Victoriano (ed.), La mirada esquiva. Reflexiones históricas sobre la interacción del Estado y la ciudadanía en los Andes (Bolivia, Ecuador, Perú), siglo XIX, Madrid, CSIC, 2005, p. 157.