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Cierre de locales en zona rosa modifica la ruta de la distracción

Cierre de locales en zona rosa modifica la ruta de la distracción
05 de noviembre de 2012 - 00:00

Martín Ibáñez, de Sauces 4, recorría la calle Rocafuerte el pasado jueves por la noche. Hasta hace quince días se desviaba por la calle Panamá, donde se ubican varios bares pequeños, restaurantes y otros locales comerciales.

Hace cerca de tres semanas, la Comisaría Cuarta del Municipio de Guayaquil procedió a clausurar 29 locales de la zona rosa por no cumplir las ordenanzas que rigen desde mayo de este año.

Uno de los locales cerrados fue el bar Baraka, ubicado en Rocafuerte y Panamá, que Ibáñez frecuentaba desde que fue inaugurado en 2009. “Lo que siempre me agradó fue el ambiente, bastante amplio, y siempre daban espacio a varios grupos de artistas que buscan darse a conocer”, recordó.

Pero desde que  cerró, comentó Ibáñez, visita los locales que quedaron, pero ninguno lo convence y hace observaciones al respecto del ambiente, clientes y atención. “No es que los locales sean pésimos... es mi gusto, creo que cada quien lo tiene y yo buscaba algo más que solo escuchar música y bailar en compañía de amigos”, dijo Ibáñez.

En un recorrido realizado por este diario se constató que el ambiente nocturno de la zona rosa ya no es el mismo. En ciertas calles, los locales cerrados brindan un paisaje “solitario y triste”, según varias personas consultadas. Algunos ciudadanos también refirieron que el cierre de los locales los obligó a buscar otras alternativas en Las Peñas, Urdesa y Alborada.

Pedro Villegas, quien ha producido varios documentales, era asiduo visitante de Guayaquil de la Culata, situado en la calle Córdova. El local, según impresión de Villegas, era el espacio predilecto en el que actores, periodistas, escritores, poetas, pintores se reunían para intercambiar impresiones sobre las distintas manifestaciones del arte.

El ambiente era más sobrio, incluso servía de vitrina para que los artistas se dieran a conocer. “Ese tipo de lugares son difíciles de hallar en la ciudad”, comentó Villegas, quien ha considerado buscar otros lugares en sitios apartados de la zona rosa.

Ana Ruiz, quien vive en La Pradera, se conformó con las opciones que quedaron en este sector, que abarca las calles Loja, Roca, Panamá y Córdova.

La joven era cliente del bar Cupido y lo prefería por el ambiente íntimo que brindaba. “Le hacía honor a su nombre si vamos a hablar de citas”, dijo Ruiz sonriente.

El local que frecuentaba también fue cerrado a mediados de octubre pasado, pero Ruiz no tuvo inconveniente de asistir al bar El Colonial, en Rocafuerte e Imbabura. “Desde luego que el ambiente es distinto, pero no me queda otra porque se me haría difícil ir más hacia el norte y luego ir a mi casa”, afirmó Ruiz.

Los propietarios de los sitios cerrados tenían previsto realizar una marcha, la semana pasada, pero la suspendieron por intentar un acercamiento con el Cabildo.

El alcalde Jaime Nebot ha manifestado públicamente que se darán facilidades para que los propietarios afectados reubiquen sus locales en otros sitios “permitidos por la ley” y descartó prórrogas para cumplir con las ordenanzas.

En el sector, según Nebot, “determinadas personas empezaron a construir cuchitriles que bajaban la calidad del servicio... de acuerdo con los propietarios hemos hecho reformas”.

Carlos Gutiérrez, propietario de Baraka, aseguró que hasta el momento desconoce a donde serán  trasladados por el Cabildo.

Mientras que Freddy Jirón, colaborador de Guayaquil de la Culata, descartó, al igual que otros dueños de locales, reubicar su negocio en otro sitio de la urbe. “Establecimos el bar en este sitio como una alternativa sugerida por conocidos y no me parece justo, ni para ellos ni para mí, compartir el entretenimiento en un lugar más apartado”, manifestó Jirón.

Las recientes ordenanzas establecieron nuevas dimensiones que los locales cerrados no pudieron cumplir y, en ciertos casos, sus propietarios consideran su traslado hacia los cantones Milagro y Durán.

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