Inmigrantes anglófonos: británicos y jamaiquinos

02 de abril de 2013 - 00:00

 Las trayectorias de los británicos y jamaiquinos en Guayaquil y el Ecuador son como las antípodas de procesos migratorios condicionados por múltiples factores, derivados por la necesidad de contratar mano de obra especializada, en diversas coyunturas políticas, económicas y sociales. El caso de los trabajadores jamaiquinos fue emblemático porque se requirió mano de obra isleña para la construcción del Ferrocarril del Sur, al momento de ascender la cordillera de los Andes.

La presencia de los británicos (ingleses, escoceses, galeses, irlandeses) se remonta al siglo XIX. Algunos pelearon en las guerras de independencia, aunque fue a raíz de la construcción del ferrocarril y los proyectos de modernización de las ciudades ecuatorianas cuando arribó un buen número de ellos.

En realidad, la mayoría de los británicos se dedicó al “gran comercio”, sobre todo en Guayaquil: fueron exportadores, importadores, constructores navieros, ganaderos y aseguradores. En este último ramo, las aseguradoras inglesas “manejaron alrededor del 80% del total de las pólizas de seguros que se vendieron en el Ecuador”, según revela el historiador Guillermo Arosemena.

Pero la participación empresarial más destacable fue la construcción de una economía de enclave en Ancón (península de Santa Elena), cuando en la segunda década del siglo XX, empezó la explotación de las minas de petróleo. El período de mayor bonanza en la zona fueron las décadas de los veinte, treinta, cuarenta y cincuenta, alcanzándose una notable producción destinada a la exportación de petróleo a Estados Unidos, Inglaterra y Canadá.

El aspecto social más destacable de la presencia británica en Ancón fue la construcción de una importante obra material para los empleados y trabajadores de la Anglo Ecuadorian Oilfields, empresa que extrajo y refinó el petróleo. El campamento de Ancón surgió prácticamente de la nada y se transformó en un área urbanizada, con todos sus servicios básicos, incluyendo hospital, iglesia y viviendas Se construyeron barrios obreros, además del obligado barrio inglés con vista al mar y se formó una peculiar interacción entre británicos y lugareños, que se expresó en la creación de clubes deportivos y sociales, con elementos propios de la cultura anglosajona.

La británica fue una inmigración deseada por las elites ecuatorianas, pero en el caso de los jamaiquinos, se trató de una inmigración forzada por la escasez de mano de obra para la construcción del ferrocarril, particularmente en las regiones tropicales.

En 1900, al descartarse la posibilidad de contratar a chinos, el Gobierno del Ecuador firmó un contrato con el Gobierno británico –Jamaica todavía era su colonia-, donde se estipulaba que la permanencia temporal de los trabajadores jamaiquinos estaría asegurada con la creación de un fondo en el Banco del Ecuador “para garantizar su pasaje de regreso a casa y para proveerles de ahorros cuando el contrato terminara”, como refiere la historiadora canadiense Kim Clark.

Los jamaiquinos permanecieron dos años como brazo de trabajo en la construcción del ferrocarril “más difícil del mundo”, en el tramo de Bucay a Alausí. Pero de los 4.000 que llegaron, la mayoría murió o regresó a su país y únicamente se quedaron 300, asentándose en la zona tórrida, especialmente en los ingenios azucareros de la zona de Bucay y Marcelino Maridueña, mientras que en Durán se incorporaron a las actividades urbanas. Así mismo, cerca de 30 familias jamaiquinas se establecieron en Ancón y fundaron su propio club social: el British West Indies Club.

Se dice que más de la mitad de los jamaiquinos del ferrocarril trasandino murieron por epidemias o accidentes de trabajo. Lo cierto es que su legado permanece invisibilizado, por las escasas huellas que los sujetos subalternos dejan en los documentos históricos oficiales.

Pero su aporte silencioso al desarrollo de la ciudad, la provincia y el país se mezcla con las grandes ejecutorias que alcanzaron descendientes de jamaiquinos en el deporte, como los hermanos Sandiford, emblemáticos basquetbolistas guayasenses, y Alberto Spencer Herrera, considerado el más importante futbolista ecuatoriano de todos los tiempos.

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