A la regeneración se suman 100 árboles

- 24 de febrero de 2020 - 00:00
La Universidad de Guayaquil ya no cuenta con el cerramiento. Se ejecutará un plan de emergencia que se divide en cuatro fases.
Foto: César Muñoz / El Telégrafo

Los trabajos en la avenida Delta presentan un avance del 40%. En la obra que ejecuta la Fundación Siglo XXI se han invertido 3 millones de dólares.

Mathías Jarrín, quien estudia Odontología en la Universidad de Guayaquil, dice que la obra de regeneración urbana que lleva adelante la Fundación Guayaquil Siglo XXI le brinda otra imagen al sector. Que no solo mejora el entorno de la institución, sino también brinda un clima más ecológico.

La obra que se ejecuta sobre la avenida Delta avanza en un 40%, según Mauro Pérez, miembro del comité ejecutivo de la Fundación Guayaquil Siglo XXI.

La avenida Delta posee dos contratos: el primero sirvió para regenerar la acera que colinda con la ciudadela Bolivariana y que está casi en su etapa final; y el segundo, el tramo que vincula al costado donde se ubica la ciudadela Universitaria.

Pérez asegura que el contrato de la Bolivariana contempla áreas verdes, mejoramiento de las aceras, ductos subterráneos de aguas, de comunicación y electricidad. “Es un cambio completo a la imagen del sector”. Sin embargo, para el extremo de la ciudadela Universitaria el concepto urbano es mucho más ambicioso.

En la obra resalta la apertura que ha tenido la Universidad de Guayaquil. El cerramiento que la institución tuvo por más de 40 años fue derribado para dar paso a esta importante obra municipal.

Ahora se puede apreciar, con el avance de los trabajos, que existirá un amplio espacio para caminar. El sitio contará con más de 150 árboles, ciclovía, área para el uso de patinetas y otra que incluirá sillas para descansar bajo la sombra.

Para el arquitecto urbanista y director de Infraestructura y Obras Universitarias, Héctor Danilo Hugo Ullauri, la obra aporta en movilidad sostenible. 600 metros lineales de camineras amplias y ciclovía.

Con espaciosas áreas verdes en donde habrá un respeto absoluto a los más de 50 árboles existentes. “Es más, la regeneración incluye una nueva especie nativa que suman 150. Se eliminan los cables aéreos y obstáculos físicos que habían en la acera y que causaron muchos accidentes”.

Ambiente que beneficia

Luciola Salazar, de 78 años y habitante del barrio Orellana, a pocas cuadras de donde se ejecuta la obra, asegura que si el sitio se torna más amigable con las personas, este será ideal para conversar con sus amigas.

La mujer, que habita en el sector desde hace 50 años, dice que las zonas aledañas en donde se desarrollan los trabajos siempre fueron caóticas. “Ya del lado de la ciudadela Bolivariana, cuando terminen el costado junto a la universidad, se notará un cambio extremo”.

Ullauri asevera que no solo el cambio está relacionado a la infraestructura sino también genera un microclima, da sombra, la biodiversidad se mantiene, y todo esto lo transforma en un destino turístico. Además -añade- es un punto seguro.

En caso de evacuaciones, la universidad con más población estudiantil del país tendrá al fin un área segura. “Antes de esta obra tenían que quedarse en las calles o los parqueos”.

Una obra diferente

Para el arquitecto Mauro Pérez esta obra de regeneración es diferente a otras que se realizaron en el sector. Por ejemplo -dice- la regeneración efectuada en el malecón, dentro de la universidad, pertenece en sí a la institución. “Si ellos cierran las puertas a las 20:00, por ejemplo, nadie puede ingresar porque son áreas que le pertenecen a la institución.

Ahora ya no existe el muro. La universidad abrió las puertas. Se dota a la ciudadanía de 30 metros adicionales”.  Pero más allá de que el proyecto urbano sea integrador, la preocupación de la colectividad universitaria es qué pasará con la seguridad de la institución al ya no contar con el muro divisorio.

Ullauri explica que el proyecto incrementará la seguridad. Desde varios puntos de vista, porque la seguridad es multivariable. “No tener cerramiento frontal aporta con una vigilancia natural, el peatón, el ciclista, los comerciantes de la Bolivariana, la comunidad universitaria en general. Esto incrementa el factor de riesgo de un delincuente común, que prefiere lugares cerrados, de poca concurrencia para cometer los ilícitos”.

Agrega que la seguridad también se incrementa por que se eliminaron las barreras físicas. Ahora la avenida tendrá un paradero de buses con rampa. Los accidentes y muertes serán parte del pasado.

Pero más allá de la seguridad que proporciona la obra como tal, la Universidad de Guayaquil redoblará los controles cuando entre en marcha su proyecto de seguridad interna, el cual contempla la instalación de cámaras de seguridad con fibra óptica y el control vehicular y peatonal con tarjetas magnéticas.

La obra, según Pérez, estaría lista en julio y se convertirá en un sitio turístico y ecológico de la ciudad. Carlos Buendía, estudiante de Arquitectura de la Universidad de Guayaquil, puntualiza que por el diseño del proyecto será una obra emblemática. (I)

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