Las Peñas, fiel testigo de la hermandad de diversas galladas

- 05 de julio de 2019 - 00:00
De niños, Armando Triviño (izq.) y Marco Polo Avilés jugaban fútbol en el Fortín de la Planchada, en el ingreso del barrio Las Peñas.

 Los cañones que centenares de años atrás eran utilizados para defender a la naciente Guayaquil, de los piratas y corsarios, pasaron a servir de arcos donde los niños hicieron miles de goles con Armando Triviño y Marco Polo Avilés, en los años 60.

Entre risas, ambos peñeros cuentan cómo fue su infancia en este tradicional barrio porteño, conocido por su diversidad cultural y colorido.

Triviño, de 65 años, recuerda que de niño, además de jugar fútbol en el Fortín de la Planchada (ingreso de Las Peñas), tenían una “cancha alterna”. Se trata de un islote que se formaba frente a lo que hoy es Puerto Santa Ana, que quedaba al descubierto con la marea baja.

“Teníamos que llegar nadando o también los pescadores que estaban en los bajos del barrio nos prestaban sus canoas. Ahí se hacía una linda explanada en la que jugábamos por horas. Luego, al regresar, nuestros padres nos retaban”, indica con picardía Armando, pintor que expone sus cuadros en el portal de su vivienda.

Entre las familias que se han mantenido desde los años 1800 e inicios de los 1900 están los Baquerizo (uno de sus miembros fue el expresidente Alfredo Baquerizo Moreno), los Hidalgo, los Luzarraga, los Avilés, los Arosemena y los Gálvez.

“Ya muchos se han ido. Varios dejaron el barrio en los años 70 y se cambiaron a Urdesa. Pese a que ya no viven aquí, las diferentes galladas nos reunimos siempre, porque todos somos una hermandad”, dice Marco Polo.

No se pierda estas y más anécdotas de quienes son parte del día a día del sector, en el programa “El famoso barrio de... Las Peñas”, que se transmitirá esta tarde (16:00) por Pública FM. (I)

 

 

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