Entrevista / Jorge Martillo Monserrate / Escritor

“ La crónica pierde cabida en la prensa escrita”

- 01 de febrero de 2015 - 00:00

Entrevista / Jorge Martillo Monserrate / Escritor

Es una mezcla entre lo exótico y lo rústico y en este ambiente el literato, escritor y periodista guayaquileño Jorge Martillo Monserrate concibe sus historias, esas que ha plasmado en varios de los libros publicados y que han quedado atrapadas en sus poesías y crónicas urbanas, género en el que se involucró por accidente.

Cuando era educador de colegio fiscal de Guayaquil  un colega le pidió ser su reemplazo para corregir una revista dominical de un diario local. Martillo, a quien también se lo conoce como el ‘Conde’, aceptó.

Ya dentro del diario llegó otra propuesta: escribir para la columna El Pulso de la Ciudad, en donde profundizó en temas que sirvieron para escribir crónicas. Esa experiencia no fue improvisada porque ya antes había colaborado, en el mismo diario, para la columna La Nave de los Locos, en la cual abordaba sobre poetas extraños. De ahí que siempre afirma que ingresó al periodismo por la puerta de las erratas, en calidad de corrector de textos.

A través de las crónicas ha retratado historias particulares que se originan del populacho, de la marginalidad, y las ha plasmado usando un lenguaje armónico, vívido y bien concebido; precisamente su particular forma de escribir le ha permitido  colaborar en distintas revistas nacionales y, a través de sus textos, se ha convertido en el escritor y periodista referente para las nuevas generaciones.

  Jorge Martillo se ha dedicado a elaborar postales costumbristas. Su libros emanan ese olor al Guayaquil marginal, a la ciudad que ya no está y que se niega a morir.

Los textos del cronistas están cargados de palabras populares.

Con ese estilo, Martillo sigue la ruta que en su momento transitaron José Antonio Campos, Modesto Chávez Franco, Carlos Saona o Rodolfo Pérez Pimentel.

En su libro Guayaquil de mis desvaríos, que ya va por la cuarta edición, hace referencia a dos personajes históricos de la urbe: el cantante Julio Jaramillo y el poeta Medardo Ángel Silva, dos seres a quien el escritor admira.

Martillo abre las puertas de su casa, ubicada frente al Estero Salado, en donde vive junto a su nueva gata ‘Dominga’, quien desde hace poco menos de un año ocupa el lugar de la desaparecida ‘Perla’, felina  a la que el escritor dedicó libros y crónicas.

 Ahí tendido sobre su hamaca, su sitio preferido, empieza a conversar sobre una de sus grandes pasiones la crónica periodística.

El relato de una historia debe tener un rigor o un formato, ¿cómo se debe relatar una historia urbana?

Con buen estilo porque, a diferencia de un reportaje, la crónica no cuenta un hecho noticioso, es una historia que puede o no ser relevante, pero debe enamorar al lector desde el principio.
 
Gabriel García Márquez decía que  a estas historias se les podía añadir detalles, no siempre reales, para volverlas atractivas, ¿qué opina al respecto?

En la crónica literaria sí, es un recurso válido, no puede despegarse de la realidad, pero se pueden añadir rasgos que resalten la historia. Depende mucho de qué tipo de crónica se hace; por ejemplo, las crónicas turísticas,  intentan que el lector se traslade al lugar a través del texto e informarlo a dónde puede llegar, ya que se abre una invitación, por ende, allí no puedes añadir ni ocultar. Das datos exactos.

Si añades detalles, ¿cómo diferenciar una crónica de un cuento?

La crónica parte y aterriza en la realidad, los detalles que se agregan o subrayan deben estar ligados a la historia, mientras que un cuento parte de donde quieras, la imaginación y la fantasía.

En los diarios, lo que más se publica son noticias, ¿cuál es la importancia que tiene la la crónica en el periodismo?

Rescatar ese espacio cultural, las crónicas dan un respiro a tanta información textual publicada en los diarios; es un espacio distinto, considero que la crónica es lo que permite que los periódicos no sean tan monótonos.  

¿Y qué es lo más importante que debe tener una crónica para lograr la lectura del público?

La narración. Una crónica no es completamente informativa; por ende, la narración debe ser impecable, riqueza de investigación, personajes, entrevistas, historias sobre lo que se habla, un amplio lenguaje que permitirá atrapar al lector desde el inicio.

En las facultades de Comunicación y en las escuelas de Periodismo siempre se habla de que el género es complejo, ¿qué es lo más complicado para escribir una crónica?

Enganchar, seducir al lector con la primera línea; si no lo logras, la crónica fracasó. Una noticia esté o no bien narrada es leída porque es información; una crónica no necesariamente. Por eso depende de la primera línea la aceptación de la crónica.

¿Por qué no todos los periodistas pueden hacer crónicas?

Porque el cronista debe tener una sensibilidad desarrollada, sobre todo la observación. Aparte debe saber de literatura, historia, periodismo, fotografía. A eso se suma que no todos redactan bien, solo informan.

¿Las crónicas deben llevar entrevistas?

Sí, eso enriquece al tema. Si hablas sobre una persona y no puedes entrevistarla, haces una investigación y realizas entrevistas a otras cercanas, opiniones de terceros.

¿Cómo cree que se podría rescatar este espacio en los diarios?

Para mí, las crónicas en la prensa escrita están condenadas a la muerte porque, por motivos comerciales, económicos, deben vender o informar y la crónica no hace estas cosas propiamente. Por el contrario, en medios digitales cada vez se suman más cronistas con una calidad excelente.

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