El proyecto rapflektion lleva dos años ayudando a muchachos del Guasmo, en el sur de guayaquil

Jóvenes expresan su realidad mediante rap

- 11 de octubre de 2015 - 00:00
Joachim Berchtold en el violín acompañó a Vicky Zambrano (cantando), Kenneth Oramas, Ruth Sánchez y Diego Barriga (d) durante su presentación. Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

El proyecto rapflektion lleva dos años ayudando a muchachos del Guasmo, en el sur de guayaquil

A sus 20 años, Diego Barriga alcanzó uno de sus sueños: viajar fuera de Ecuador. Este joven amante del rap y residente en el Guasmo, sur de Guayaquil, estuvo en Alemania, donde recorrió 3 ciudades, conoció otra cultura, aprendió nuevas costumbres y se dio cuenta de que allá el rap es un género musical de gran difusión, que se escucha en los medios de comunicación de la misma forma que en otros países se escuchan la salsa y las baladas.

Esto le animó para seguir en el camino que emprendió meses atrás, cuando en Guayaquil conoció al rapero ecuatoriano-alemán Carlos Utermöhlen y se vinculó al proyecto Rapflektion, que este ha desarrollado en varios países (ver subnota).

Utermöhlen utiliza el rap para que los jóvenes residentes en zonas marginales expresen sus sentimientos, muestren sus realidades y encuentren una opción de vida mediante el arte. Y en Guayaquil trabaja con muchachos del Guasmo, con la ayuda de la Fundación Mi Cometa/Clave del Sur.

Gracias a este proyecto Diego pudo viajar y vivir una experiencia que, según él, le enseñó que hay personas con problemas mucho peores que los suyos. “Gente de África, de otros lugares, me contaban sus experiencias y yo me puse a pensar que mis problemas no son nada al lado de los de ellos. Y a causa de eso muchos buscan pandillas, drogas, la calle”, comenta el joven, quien cursa el cuarto año en el Colegio Cotopaxi. Espera transmitir a otros chicos lo aprendido y así fortalecer el grupo, de cuya inspiración nacieron canciones como ‘Los niños de la calle’, ‘Maltrato animal’, ‘Guasmo’ y ‘La venganza’.

Son letras fuertes, que surgen de las vivencias de quienes, como Diego, se unieron al proyecto: Vicky Zambrano, Kenneth Oramas y Ruth Sánchez. Ellos llegaron sin saber cómo escribir una canción, cómo rimar, pero sus ansias de expresarse les dieron el empuje para perseverar y crear letras como “Hay niños en las calles, ellos sufren esta realidad, ellos padecen hambre y no tienen un buen hogar”, de la canción ‘Los niños de la calle’.

Realidad llevada al escenario

Drogadicción, violencia y problemas familiares son algunas de las realidades cotidianas que estos jóvenes plasmaron en sus composiciones, que fueron presentadas en el escenario de la Alianza Francesa (Hurtado y José Mascote, centro de Guayaquil), la noche del pasado viernes 25 de septiembre.

Contaron con la presencia del violinista y compositor alemán Joachim Berchtold, amigo y colaborador de Carlos Utermöhlen; y desde Rapflektion Quito llegaron Jesús Rosero y Lizandro Ortiz. El espectáculo es el resultado de más de un mes de trabajo.

En cada país donde el proyecto ha sido implementado, se efectúan una o dos presentaciones cada año. “Me inspiro en lo que pasa aquí, vemos muchos niños en la calle drogándose, hicimos ‘Canción del Guasmo’, que habla sobre la drogadicción. Queremos hacer reflexionar a los jóvenes que andan en la calle”, comenta Kenneth Oramas, quien a sus 12 años ha sido testigo de todo lo que se vive en esta zona del Puerto Principal.

Él llegó acompañando a un tío suyo, quien finalmente no siguió en el proyecto. “Carlos (Utermöhlen) me dijo que me pusiera a escribir música, pero yo no sabía cómo hacerlo, cómo componer. Me ayudó mi amigo Diego (Barriga) y ahora ya cojo la pista solito y a veces, cuando no rima, me ayuda Carlos, que se está quedando en mi casa”.

Este proceso lo ha ayudado a pensar sobre la vida, dándole una madurez poco frecuente en un niño de su edad. “Esta experiencia me ha hecho reflexionar en que no es bueno andar en la calle haciendo esas cosas malas. He invitado a mis amigos a que se unan”.

Con él coincide Ruth Sánchez, quien ha aprendido que “las cosas que están en el mundo no son buenas, cada día vemos que el mundo va empeorando. Y uno tiene que irse por las cosas buenas, no por las malas”. La joven de 18 años asistió a la convocatoria porque le habían dicho que era un taller de baile y hip hop. Cuando la pusieron a escribir y cantar, no sabía cómo hacerlo. Paso a paso, verso a verso, rima a rima, logró plasmar sus inquietudes en letras y música.

Algo que la inspira en sus composiciones es el amor por los animales. “Para hacer una letra cierro mis ojos y me imagino lo que está pasando. Hice una canción para los animales, que se llama ‘Maltrato animal’. Aquí ellos no son bien tratados, como en otros países que sí los cuidan”, comenta la joven, quien desea estudiar Arquitectura, para lo cual ya presentó el examen ENES.

Vicky Zambrano, de 24 años, destaca el trabajo de los jóvenes y su capacidad de aprender casi desde cero a escribir música y hacer rimas. Ella tiene 6 años en Clave del Sur y el año pasado se sumó al proyecto de Carlos Utermöhlen.

“El trabajo con él es a diario. A las 15:00 se hacen los talleres y nos enseña cuando una letra no rima. Lo que Carlos hace es guiarnos, nos ayuda cuando le falta fuerza a una letra”, comenta la mujer.

Ella no es rapera, lo que hace es apoyar a los chicos con el canto, les ayuda con los coros e interpreta sus propios versos. Cuando Carlos viaja a otros países para desarrollar el proyecto, ella se encarga de seguir trabajando con los jóvenes. “Para ellos es una forma de expresarse, escribir lo que tienen adentro y por medio de esas letras son escuchados”, señala Vicky.

“Nuestro objetivo es que esto no se quede en ‘stand by’, que vengan más jóvenes. Lamentablemente aquí la música rap no es reconocida y se lucha contra el estigma de que quien la escucha o la interpreta es delincuente. Gracias a Dios se están dando nuevas metas, nuevos proyectos. Los invitamos a que vengan al Movimiento Mi Cometa y pregunten por el rap, pueden hacer algo, ensayar un verso y ser escuchados”. (I)

El mentalizador del proyecto es ecuatoriano

Carlos Utermöhlen es de Braunschweig, Alemania. Nació el 17 de marzo de 1985, hijo de padre alemán y madre ecuatoriana (Juanita Zamora). Empezó a escribir poemas a los 16 años y luego una persona cercana a su familia lo conectó al género musical rap. Esa música lo impactó y lo decidió a hacer su propia música. Se definió por el rap que hablaba de los problemas sociales y de la política de su país. Empezó a trabajar en centros sociales, incentivando a jóvenes con distintos problemas a escribir letras de rap con mensajes positivos e interpretarlas. Así nace el proyecto Rapflektion.

La herencia latina de su madre lo lleva a Ecuador, de donde pasa a Colombia, Chile y El Salvador. El colombiano Jairo Garrido colabora con Carlos Uthermölen desde hace 4 años elaborando la parte audiovisual e incentivando a los chicos con los que trabaja. Ha sido testigo de las problemáticas que viven los jóvenes en cada territorio. “En Latinoamérica tienen cosas en común. En El Salvador está más organizada la parte de las pandillas. En cambio en Colombia y Ecuador los niños enfrentan problemáticas con sus papás, la pobreza, mucha falta de oportunidades”.

Para que un joven se integre al proceso se requiere ante todo que tenga voluntad, las ganas de hacer música y que le guste lo que hace. De resto no hay límites de edad. “Lamentablemente todavía no se supera el estigma de que quien escucha rap es delincuente”, afirma Vicky Zambrano, miembro del grupo. “Por medio de nuestra música hacemos que la persona que tiene un problema no se ahogue en eso sino que le mostramos que hay alternativas en la vida, puede venir y escribir su letra, expresarse, desahogarse”. (I)

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