Cadeate atrae con sus “come callado” y el “pechito de novia”

03 de enero de 2012 - 00:00

A pocas horas de la salida del sol en Cadeate, la  brisa marina se mezcla con un delicioso aroma.
La comuna ubicada en el kilómetro 53 de la Ruta del Spondylus es famosa por algo poco usual en los poblados costeros.

Es quizás el único rincón de la provincia de Santa Elena y del Ecuador en donde existe una panadería por cada 44 personas.

Dicho en otros términos hay 45 de estos negocios para una población compuesta por unas 2.000 personas. Pero no solo este detalle numérico es el que llama la atención a los turistas, cuyo tránsito es obligatorio antes de llegar a Montañita y otros balnearios, el otro lo conforman los curiosos nombres que tienen algunas de las delicias que preparan los comuneros.

El “pechito de novia”, “come callado” y el “amor con hambre” son algunos de los elaborados a base de harina de trigo y otros ingredientes más apetecidos por los viajeros.

¿Y qué son estos productos llamados de manera tan inusual? El primero  es un pan de leche  denominado así por su supuesto parecido con una parte del cuerpo femenino.

En cambio, el segundo es una galleta cuadrada que se prepara con una masa similar a la de un cake y con mermelada en   medio. El último también es una galleta, pero redonda y elaborada con anís.

Dámaso Reyes Suárez, presidente de la comuna y de la Asociación de Panaderos de Cadeate, explica que hace décadas los habitantes se dedicaban a actividades agrícolas y a la pesca.

Sin embargo, las continuas sequías y los riesgos que conlleva   ir mar adentro, alejó a los habitantes de esas labores y muchos optaron por elaborar pan para   comercializar. 

“Tengo 22 años en esto y cuando comencé había solo veinte negocios. Poco a poco se han incrementado, por ejemplo el año pasado sumábamos 35 y ahora existen diez más”, puntualiza.

Reyes calcula que cada establecimiento fabrica en promedio unas 2.000 variedades por día (entre pan, dulces y otros) por lo que en total suman alrededor de 90.000 productos.

De ellos, el 20% es para el consumo local y   el restante se reparte en la misma provincia e incluso llega a algunas comunidades costeras de Manabí.

Los precios de los dulces, en cuya funda vienen seis unidades es de $ 0,50, mientras que los panes cuestan $ 0,10 cada uno.

El dirigente de los panaderos asegura que el éxito suyo y el de sus colegas radica en el uso de materias primas como huevos de gallina criolla, anís, canela y extra azúcar.

“Un sabor adicional tienen aquellos que se cuecen en hornos construidos con barro y cuyo calor lo genera la leña recogida en la zona”, resalta. En la comuna solo unas 15 panificadoras continúan preparando sus productos en esta clase de estructuras.

Otro aspecto llamativo en el poblado es su nombre que data desde 1938. El mismo surge de una combinación por la gran cantidad de palmeras de tagua que hay en el sector, de las cuales se usan las hojas de “cade” para recubrir los techos de las viviendas.

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