Muchos guayaquileños optaron por divertirse en casa

Agua, la principal invitada en los juegos de carnaval

- 16 de febrero de 2015 - 00:00
El carnaval se vivió en diferentes zonas de Guayaquil, donde grupos de amigos se arrojaron agua entre sí. Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

Muchos guayaquileños optaron por divertirse en casa

El agua fue la principal invitada en las celebraciones de carnaval en varias calles de Guayaquil, donde abundaron las piscinas inflables y grupos de amigos se mojaron entre sí, el festejo acostumbrado en esta época del año.  

El segundo día del feriado se caracterizó por un cielo seminublado.  Pero aunque el sol no brilló, esto no impidió que hombres, mujeres y niños festejaran y se divirtieran arrojándose agua con baldes o con pistolas de plástico.

En la 27 y El Oro, la familia Romero colocó dos piscinas para que los niños jugaran, mientras que los adultos pusieron parlantes para alegrar con música el domingo de feriado. Blanca Romero reconoció que el dinero no les permitió viajar fuera de la ciudad, pero no se quedarían sin festejar con los amigos.

En el sector de la 11 y Febres Cordero, los vecinos participan cada año de una procesión en homenaje al Divino Niño. El acto culmina con un festejo barrial. Foto: Miguel Castro/El Telégrafo

En la 11 y Febres Cordero, los vecinos de Fabiola Cabezas se unieron al tradicional festejo que esta familia realiza cada domingo en el primer feriado del año.

La celebración se inicia con un rito religioso la noche del sábado, que dura toda la madrugada del domingo mientras se funden las oraciones con los colores de máscaras y ropas de las danzantes que agradecen al Niño Jesús las bendiciones recibidas.

La familia, de origen quiteño, lleva más de 30 años en ese sector de Guayaquil, donde instaló un cangrejal que se ha convertido también en el punto de referencia de la celebración. En el negocio, los miembros de la familia Proaño Cabezas son los encargados de continuar esta tradición que empezó, como dice la Fabiola, con un gesto de agradecimiento al Niños Jesús, que tiene su espacio en un altar decorado con luces y telas de colores.

La tradición continúa con la celebración de una misa en la iglesia Santa Ana, en la 15 y Gómez Rendón, seguida por el desfile al que se van uniendo de a poco los feligreses y vecinos que conocen de esta alegre costumbre, que este año cumplió 24 ediciones, desde que la empezó la abuela (Laura Vásquez) de los Proaño Cabezas.

Los niños fueron los que más disfrutaron de las piscinas inflables. Foto: Eduardo Escobar/El Telégrafo

Al término de la misa, los siete músicos de la banda Virgen del Cisne se unen a la comparsa que empieza su recorrido por la calle 15, donde los vecinos observan el paso de los danzantes y sus atuendos, mientras uno de los integrantes del desfile coloca una botella en la que introduce un fuego artificial que rompe el silencio del barrio.

La procesión sigue por Capitán Nájera hasta llegar a la 11 y luego baja hasta la esquina de la calle Febres Cordero, donde los globos advierten a los que se unieron que han llegado al final de la marcha.

Pero la celebración continúa con los músicos, que se ubican tras el cerramiento de caña del cangrejal para seguir motivando  a los danzantes, quienes sentados empiezan a ser mojados con baldes de agua, para luego seguir con el agasajo de comida y baile. 

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