Adultos mayores buscan actividades al aire libre

27 de junio de 2011 - 00:00

A las 5:00 y con un café bien caliente -por lo general- empieza el día un adulto mayor en  Guayaquil. Así, por ejemplo, después del desayuno, Carlos Quijije, de 82 años, se pone zapatos cómodos y se dirige a la puerta. Con éstos primeros pasos empieza la caminata de casi 85 cuadras, que le espera desde el barrio del Centenario, ubicado al sur de la urbe, hasta la Plaza San Francisco, en el centro.

Carlos nació en Guayaquil el 10 de septiembre de 1928 y recuerda con cariño sus días de colegio, cuando, según él, la ciudad era tranquila y se podía caminar sin miedo. Al llegar al centro se reúne con 22 de sus ex compañeros de trabajo, con quienes desde hace 15 años comparte sus mañanas hablando de política, literatura y mujeres.

27-06-11-guayaquil-en-la-plaza-san-francisco-ancianos-se-distraen-hablando-de-politicaCerca de las 9:00 la plaza está llena de ancianos que prefieren estar afuera que dentro de sus casas, ya que afirman que si estuvieran encerrados se morirían más rápido. “Cuando estoy en mi casa me aburro mucho, me siento como un viejo desocupado e inútil”, comentó Enrique  Pérez, de 67 años, quien es jubilado de Autoridad Portuaria, al igual que la mayoría ahí reunidos.

Pérez es divorciado y afirmó que después de 8 hijos, 11 nietos y 2 bisnietos todavía tiene energías para venir todos los días a encontrarse con sus amigos. Mientras unos leen el periódico y discuten sobre temas sociales, otros piensan en apodos para ponerles a sus compañeros y a todo aquel que pase por la calle.

Pero este no es el único punto donde se reúnen los adultos mayores en la ciudad. Olafo, como lo conocen sus amigos, se llama Antonio Cambolo y tiene 71 años. Todos los días acude a la panadería Pandorado, ubicada en la ciudadela Entre Ríos, en la vía a Samborondón. El trabajó toda su vida en electrónica hasta  que se jubiló hace seis años.

Mientras su esposa visita a los nietos, él prefiere conversar con sus amigos. Raúl Acaiturri vive en la ciudadela Los Lagos y es amigo de Olafo desde la época del colegio San José, donde estudiaron hasta terminar el bachillerato. Raúl vive en Samborondón desde hace 14 años y se acuerda con nostalgia de los tiempos en los que en la zona no había más que una tira de plástico que dividía un lado de la calle con otro. 

Carmensa le dicen a doña Carmen Jijón, por ser la única mujer en la Plaza San Francisco. Ella confesó que solo está ahí porque su esposo Pedro Jijón tuvo un derrame cerebral hace dos años y los médicos le aseguraron que debía caminar todos los días para recuperarse por completo.

Jorge Guevara, de 78 años, es quien inventa nombres ficticios para sus amigos, entre los que están el “patuleco” y el “lengua de yoyo”. Guevara, ex chofer profesional del Municipio, comentó que se casó porque “metió la pata” hace 50 años, pero asegura que su mujer y sus hijos han sido la mejor aventura de su vida. Ahora él se queja de la inactividad y propone crear espacios en los parques donde los ancianos puedan acceder a juegos de mesa y estar en la calle al mismo tiempo. 

27-06-11-guayaquil-en-la-caja-del-iess-adultos-asesoran-a-quienes-va-a-realizar-tramitesEn la Caja del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social las personas de la tercera edad también se reúnen todas las mañanas. Bajo el árbol se sienta Manuel Saavedra, de 82 años, quien trabajó en la Empresa Cantonal de Agua Potable y Alcantarillado (Ecapag) y ahora se dedica a asesorar a las personas que acuden a realizar sus trámites.

“Desde que nos jubilamos esta es nuestra oficina, somos tramitadores y ayudamos a la gente a resolver sus problemas”, dice. Gustavo Nieto nació el 12 de marzo de 1930, en Ambato, y llegó a Guayaquil cuando tenía seis años. Ahora pasa sus días sentado en una banca escuchando historias de otros y recordando sus días cuando trabajaba en el IESS.

Manuel Cortez camina de lunes a viernes al parque del Centenario para ver a Wacho, Jorge, Eduardo y Francesco, sus amigos de toda la vida. “Crecimos juntos y moriremos juntos”, dice. Cortez y sus amigos hablan de todo menos de mujeres, “porque la mujer es sagrada”, y juegan naipes encima de las bancas. Los ex compañeros piden a las autoridades poner mesas en el parque para poder jugar y crear actividades recreativas para los ancianos de cualquier nivel socioeconómico.

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