Béisbol, el deporte favorito de los guayaquileños a mediados del siglo XX

- 28 de octubre de 2020 - 06:00
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Tras más de cuatro décadas de años dorados, las nuevas generaciones buscan reactivar el béisbol en la ciudad. A continuación un recuento de su historia.

Hace más de 100 años, una pequeña pelota blanca surcaba el cielo del barrio Centenario, en el sur de Guayaquil, por el golpe seco de un bate de madera. Era producto del primer juego de béisbol en la ciudad, documentado por un periódico de 1907, extinto en la actualidad. Pasarían los años hasta que en 1920, en el centenario de independencia, este deporte se popularizara gracias a los hermanos estadounidenses Juan y Roberto Reed.

El béisbol es uno de los deportes más arraigados a la cultura porteña. En un país donde solo se habla de fútbol, los peloteros fueron protagonistas de jornadas inolvidables en la cálida noche guayaquileña a mediados del siglo XX. Los estadios se llenaban cada vez que había un partido en el emblemático Estadio Yeyo Úraga.

El béisbol creció con la ciudad. El porteño se identificó con este deporte”, rememora el periodista deportivo y experto en la materia, Frank Maridueña. Su memoria retiene vibrantes partidos que concluyeron con emocionantes finales en los últimos innings, o episodios.

Guayaquil no solo fue la sede del mejor béisbol del país, sino que era la base de la Selección Ecuatoriana que se coronó dos veces campeona sudamericana en la ciudad durante la década del 60. En las gradas del Yeyo Úraga se palpitaron dramáticos encuentros, como la sorprendente victoria a Brasil en 1966, recuerda Maridueña. El Reed Park, donde hoy en día se encuentra el Hospital Roberto Gilbert, fue en su momento un moderno escenario  con graderíos importados y diamante de césped.

Guayaquil acogió a cientos de extranjeros que llegaron para reforzar los clubes locales y potenciar el deporte. George Capwell, padre del béisbol y uno de los pioneros del fútbol en el país, traía universitarios estadounidenses que aprovechaban sus vacaciones de verano para jugar en la primera división provincial.

Los jugadores foráneos elevaban el nivel y generaban espectáculo cada vez que saltaban al diamante. Por sus jonrones emocionaban a familias enteras que asistían a los escenarios para verlos correr por las bases y batear la pelota hacia fuera del estadio.

Las entradas de las finales se agotaban dos días antes. El promedio de asistencia a los partidos era del 70% del aforo”, comenta Diego Arcos, periodista y exjugador profesional. Él fue parte de la última época gloriosa del béisbol de primera categoría.

En el argot popular se discute, aún sin encontrar respuesta, si el ‘Clásico del Astillero’, entre Barcelona y Emelec, nació en el béisbol o en el fútbol. Lo cierto es que los juegos eran igual de intensos y los medios de comunicación cubrían las incidencias del torneo local.

El deporte más popular de los guayaquileños, previo al fútbol, tuvo su caída a finales del siglo XX por diversos factores que lo relegaron. Arcos fue testigo de los jugadores caribeños que eran importados y se enamoraban de la ciudad; así como la era reciente en la que hace falta de respaldo dirigencial e, incluso, a los jugadores les ha tocado dar de su propio bolsillo para pagar la tarifa eléctrica del Yeyo Úraga y disputar encuentros contra delegaciones internacionales. 

El béisbol profesional dejó de practicarse en la ciudad. Arcos y Maridueña coinciden en que no hubo una planificación o desarrollo estratégico para mantener vigente este deporte, tan intrínseco en la vida porteña. Pero quienes lo practicaron nunca perderán esa pasión que sienten al batear la pelota. Grupos de amigos aún organizan cuadrangulares entre equipos de adultos que no quieren desapegarse de su afición.

El futuro del béisbol guayaquileño

Un símbolo del béisbol en Guayaquil es la Liga Infantil y Juvenil Miraflores. Esta organización, creada en 1974 por Vicente Maldonado, reúne a más 980 menores de edad, repartidos en 57 equipos de 11 clubes.

Cada año se realizan torneos locales en cuatro categorías, con participantes desde los 10 hasta los 18 años. Su director, Jaime Torres, cuenta que en un fin de semana (antes de la pandemia) se registraba un promedio de 3 a 5 mil asistentes

“Implementamos tecnología de punta, como tablets para cada juego y estadísticas en tiempo real. Antes se demoraban dos meses en sacar los datos estadísticos de cada partido, ahora es al instante”, menciona a la evolución en el desarrollo de los campeonatos. Sin embargo, Torres enfatiza que hace falta más apoyo de la empresa privada para un deporte con bastante acogida en la ciudad.

La Liga Miraflores es muy conocida por los guayaquileños, pues son pocos los que de niños no acudieron para entrenar béisbol o jugar algún otro deporte en los complejos deportivos aledaños. Ciro Andrade recuerda que en su niñez hacía deporte en ese lugar.

Gustavo Manrique juega en la posición de center field en el club Fatty, uno de los más laureados de la Liga Miraflores. El joven, de 16 años, prefirió este deporte antes que cualquier otro para continuar el legado de su bisabuelo, David Miranda Franco, fundador del equipo.

“Al béisbol le falta más difusión. Además se necesitan semilleros para que los beisbolistas se desarrollen a largo plazo”, menciona. Manrique es un apasionado de este deporte, el cual practica desde los cuatro años. Sin embargo, es consciente que en el Ecuador las oportunidades son limitadas.

“Llegas a cierto punto en el que ya no tienes dónde más jugar”, comenta. Por su edad aún tiene un par de años en la división juvenil de la Liga Miraflores. Posteriormente, si desea continuar vinculado al béisbol, tendrá que buscar otros destinos para jugar. Cada año jóvenes guayaquileños consiguen becas en universidades estadounidenses para perseguir su objetivo de ser profesionales.

Christopher Bohrer es el principal exponente del béisbol guayaquileño en Estados Unidos y uno de los que más se acerca a las Grandes Ligas. Actualmente estudia e integra el equipo del Miami Dade College.

Arcos cree que el Ecuador necesita un ecuatoriano en la élite de este deporte para que su popularidad aumente y se recupere el interés de décadas pasadas, algo similar a lo que ocurre en el ciclismo nacional con Richard Carapaz.

Hasta entonces, los jonrones serán celebrados en torneos juveniles por pequeños que desean algún día batear sus sueños. (I)

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