“Yo recomendé a Tim Howard al Manchester United”

- 15 de septiembre de 2014 - 00:00

Admirador confeso del balompié holandés, del que destaca su estilo, mezcla de buen trato a la pelota y velocidad, Octavio Zambrano suma sus vivencias en el fútbol norteamericano y europeo a la campaña de El Nacional, con el que lleva 2 victorias y una derrota.    

El estratega guayaquileño, de 56 años, se está acostumbrando al clima quiteño y en dos semanas arribará su esposa Katerina y su hijo Lionel, quienes actualmente residen en Kansas (Estados Unidos). 

Zambrano considera que tiene los conocimientos necesarios para colocar a El Nacional en lugares estelares y clasificarlo a un torneo internacional. Asegura que una de sus ventajas es la transición que experimentó de la actividad universitaria a la profesional.   

¿Qué encontró en el fútbol universitario?

El fútbol universitario está extremadamente organizado en Estados Unidos. En aquella época, la infraestructura de la Chapman University, en el sur de California, era 10 veces superior a la infraestructura del Barcelona Sporting Club, el mejor club ecuatoriano de ese entonces. Hablamos de canchas, vestuario, concentración, atención médica, kinesiología, fisioterapia.

¿Por qué se fue a Estados Unidos?

A los 18 años tuve una pasantía con Barcelona, nos fuimos a diferentes provincias con el equipo juvenil. A raíz de esa gira, Barcelona quiso comprar mis derechos como jugador, pero el club dueño de mis derechos deportivos, Guayaquil Sport, que después se llamó Unión Deportiva Valdez, no quiso ninguna negociación. Pidió una cantidad excesiva con la intención de que Barcelona no comprara mi pase. Para tener acceso a mi pase, como estipulaba la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF), debía parar dos años, así que el plan era realizar los estudios universitarios en Estados Unidos y volver a Ecuador dos años después para continuar mi carrera.   

¿Entonces no regresó?

Sí lo hice, tenía 21 años cuando regresé y me presenté en Barcelona. Cumplí una pretemporada con el entonces entrenador Leonel Montoya, quien me escogió en el grupo de 25 jugadores del primer equipo. Yo estaba listo, sin embargo, debo admitir que la calidad de vida en Norteamérica me sedujo  demasiado. Lo que vi allá: la infraestructura, el manejo, la organización, todo, no tenía ni punto de comparación con lo que había acá y decidí regresar. Ahora, en retrospectiva, creo que fue la decisión correcta. Lo que alcancé allá nunca lo hubiera alcanzado acá en Ecuador.   

¿Podría resumir su trayectoria como jugador amateur en Estados Unidos?

Estuve en el club de la Chapman University, quedamos campeones de la Conferencia Oeste por 2 años consecutivos. En la primera temporada me eligieron novato del año, pues rompí el récord de goles y asistencias, marca que después superaron. Los estadounidenses otorgan dos puntos por gol y un punto por pase gol; conseguí 47 puntos entre goles y asistencias. 

¿Cómo se produjo su retorno al balompié profesional?

Estudié 3 años en la Chapman University, antes de cumplir el cuarto y último nivel de carrera académica acepté jugar fútbol profesional en el club Los Angeles. En esa época, a nivel profesional en Estados Unidos, solo existía fútbol de salón. Muchos jugadores que quedaron libres de la NASL (North American Soccer League, cuya primera etapa duró de 1968 a  1984) pasaron a esta liga de fútbol de salón. Era un torneo de alto nivel que me dio la oportunidad de enfrentar o tener como compañeros a futbolistas como el alemán Bernd Hölzenbein, el mexicano Leonardo Cuéllar, el polaco Kazimierz Deyna... Sin embargo, el fútbol de salón no era para mí, yo era un volante creativo de cancha grande. A los 25 años de edad decidí no jugar más. Ese fue el inicio de mi carrera como entrenador.  

¿Cuándo debutó como técnico?

En 1993, como asistente del brasileño Rildo Meneses, un extraordinario jugador de los años 70, que fue marcador izquierdo de la selección en la que brillaron Pelé, Tostao, Rivelino, Jairzinho y jugó 13 años junto a Pelé en el Santos de Brasil. Con Rildo trabajé en el club California Emperors, que competía en la American Professional Soccer League, precursora de la Major League Soccer (MLS). 

¿Y a partir de ahí qué ocurrió?

El Mundial de 1994 llegó a Estados Unidos con la consigna de impulsar una liga profesional. Esta liga comenzó a conformarse entre 1994 y 1995, como yo estaba en el fútbol profesional me propusieron ser asistente del profesor alemán Lothar Osiander, en el primer equipo llamado Los Angeles Galaxy, que debutó en la MLS en 1996. Después de un año, cuando él renunció, quedé a cargo del plantel. Estuve al frente en 1997, 1998 y parte de la temporada 1999. Para mí es fascinante constar como pionero de la liga mayor de los Estados Unidos.  

¿Cuéntenos su experiencia al dirigir a Lothar Matthäus?

Es el mejor jugador que he dirigido. Lo tuve en el Metro Stars de Nueva York (2000-2001). Aunque ya estaba en las postrimerías de su carrera, Lothar jugaba a un excelente nivel. Dirigirlo fue fácil, porque desde el punto de vista táctico entendía todo. Cuando se lesionó y me tocó sustituirlo por un joven norteamericano, que respondió muy bien, no tuvo inconvenientes después de su lesión de desempeñarse delante de la línea de 3. Ejecutar movimientos tácticos era muy simple para él.

¿Alguna anécdota especial con él?

Lothar era el capitán del equipo, tenía un temperamento muy fuerte. Tuvimos un par de fricciones, de las cuales los dos salimos enriquecidos. Me dijo que de todos los entrenadores que había tenido, solamente Giovanni Trapattoni y yo le habíamos dicho las cosas como son, sin guardarnos nada, y eso él lo respetaba mucho. Me tocó sacarlo de una práctica porque protagonizó un enfrentamiento verbal con el colombiano Adolfo José ‘El Tren’ Valencia. A los dos los expulsé del entrenamiento porque interrumpieron el flujo del trabajo. Lothar me dijo que nunca le había sucedido algo así, pero entendió mi posición. Seguimos teniendo una buena relación. Para mí fue un gozo total tenerlo como futbolista.

¿A qué otras figuras entrenó?

En Los Angeles Galaxy al arquero Jorge Campos (1997), otro jugador de élite, un extraordinario atleta y un verdadero referente del fútbol mexicano. A Carlos Hermosillo (1998-1999), uno de los máximos anotadores del fútbol mexicano. Y otros exponentes de muy buen nivel, como el arquero Tim Howard, a quien hice debutar en el fútbol profesional.  

¿Cómo surgió la chance para el debut de Howard?

Él vino a los 18 años al Metro Stars y tuvo una excelente campaña en el equipo de reserva, pero después de un año en esa plantilla para mí era imposible mantenerlo ahí, así que lo promoví al primer equipo.

No pasaron 8 meses cuando recibí una llamada de Carlos Queiroz, asistente en esa época de Sir Alex Ferguson en el Manchester United. Queiroz me preguntó si Tim tenía lo suficiente para saltar al fútbol europeo, a la EPL (English Premier League) y, obviamente, por su calidad y cualidades, yo lo recomendé. Ahora es una figura de talla mundial.  

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