“Una vez pedí perdón cien veces”

22 de mayo de 2011 - 00:00

Ni los triunfos deportivos ni los réditos económicos son la mejor conquista personal del portero José Cevallos Villavicencio, que hoy se despide del fútbol activo. El mayor premio, a decir de “Pepe Pancho”, es el cariño y reconocimiento que la afición le profesa a lo largo del país.

“Donde voy siento que me aprecian, tengo un lugar en el corazón de la gente y eso es algo invalorable, lo mejor que he podido conseguir. Estoy orgulloso de haber nacido aquí”, expresa quien con méritos se ganó el apodo de las “Manos del Ecuador”.

Hoy será el  partido final y “Cevallitos” ni el sueño pudo conciliar. Su voz se quebraba en cada entrevista que concedió, pero asumió la decisión con madurez.  Sus últimos instantes oficiales en cancha los jugará ante el Imbabura, a las 11:30, en Casa Blanca.

Con cuatro décadas de vida, “Panchito” vivirá los minutos más intensos de su carrera deportiva. Él lo sabe, pero aún no lo asimila por completo. Esperará en la banca de suplentes junto con “Junior”, su hijo de 17 años, la oportunidad de entrar por última vez al gramado. “Son sentimientos encontrados los que experimento. Siento que algo de mi corazón me quitan, pero sé que algún momento iba llegar y llegó. Debo pensar que sea fiesta con la menor cantidad de lágrimas posibles”, dice.

La mitad de su vida la dedicó al balompié. Barcelona, Once Caldas, Deportivo Azogues y Liga de Quito fueron las camisetas que defendió. Un capítulo aparte merece la selección nacional con la que clasificó al primer mundial, Corea-Japón 2002. En todos tuvo una destacada actuación que incluyó atajadas fenomenales.

Por su mente pasan velozmente los momentos que vivió en cada club. Imposible quedarse con una actuación en especial. “Fueron muchos instantes de emoción. Cada equipo tiene un significado especial. En todos tuve el apoyo de la hinchada y eso fue lo mejor”, afirma.

22-5-11-deportes-cevallos-tapandoCon Liga de Quito en 2008, cuando todos pensaban que su carrera terminaba, resurgió y fue artífice del primer y único título en Copa Libertadores de un equipo ecuatoriano. En aquella final  en el mítico estadio Maracaná de Río de Janeiro, ante el Fluminense, atajó 3 penales. “Tenía la seguridad y convicción de que Diosito, mi papá desde el cielo y mi madre con sus oraciones a la distancia, me iban a dar la seguridad y confianza para atajar esos disparos como en efecto ocurrió”, recuerda.

“Pepe Pancho” reconoce que fue su experiencia la clave en aquel encuentro, donde el juez uruguayo Héctor Baldassi le sacó una amarilla y a punto estuvo de exhibirle una segunda. “Él me dijo que no le tire la gente encima con mi actitud de quemar tiempo. Entonces comprendí que estaba actuando mal y le pedí perdón cien veces”, comenta.  

José proviene de una familia de goleros por herencia. Su padre -ya fallecido- Bolívar Cevallos fue el pionero de la actuación bajo los tres palos. Lo hizo en una selección de profesores. Él enseñaba música. Esa imagen la atesora entre los grandes recuerdos que guarda su memoria gráfica,  cuando “Pepe Pancho” era aún infante. “Él era medio gordito. Con con su buzo apretado, las canilleras y sin guantes atajaba y se lo veía chistoso. Pero una vez le observé tendido en el suelo por un golpe que recibió y llorando me acerqué a ver qué pasaba. Estaba desesperado, pero por  suerte solo era una caída”, evoca con nostalgia.

El siguiente Cevallos del arco fue Álex, su hermano mayor. “Yo lo acompañaba cuando estaba en el 9 de Octubre y me gustó esa vida de concentraciones, viajes y demás. Por eso  me gustó esa posición”. Después el turno fue para José Francisco, quien aprendió el arte junto a Carlos Luis Morales y Víctor Mendoza. “De cada uno de ellos aprendí sus virtudes. Siempre estuve atento a su forma de pararse y tapar”.

Hoy ese legado permanece intacto en su hijo José Gabriel, que es arquero de la Sub 13 de Liga de Quito. “Esperemos a ver qué pasa con él. Al igual que todos mis hijos, tendrá siempre mi apoyo”, recalca.

El guardameta afirma que su esposa, Rosita Enríquez, fue también gestora de su triunfo: “Ella siempre gustó del deporte, entendió las privaciones, sobre todo de tiempo que se tiene en esta carrera, y aceptó. Fue el pilar que sostuvo el hogar con  éxito cuando yo estaba lejos”. 

Desde mañana los horarios no existirán. Intentará revivir instantes perdidos por las exigencias de su profesión. Disfrutará de su pequeño hijo Matías, que cumplió un año. Aparentemente tendrá más tiempo para estar en casa.

Su desafío inmediato será la dirigencia. No sabe si desde la jefatura del Ministerio del Deporte o como presidente del club en el que se formó Barcelona y del que es hincha confeso. “Me voy a preparar para ayudar a mi equipo desde la otra orilla y espero hacerlo bien”, señala.

Su personalidad incluso despertó el respeto de la dirigencia “azucena”. Esteban Paz, miembro de la comisión de fútbol, con quien conversó previamente a su decisión final,  le deseó suerte: “Pancho es un gran profesional y extraordinario como ser humano. Sabrá escoger su futuro y encararlo con valentía, como siempre lo hizo en  su vida. De nuestra parte gracias por toda la entrega”. También conquistó el reconocimiento de ex compañeros de equipo como el actual comentarista deportivo Carlos Alfaro Moreno.

“Es el mejor arquero del fútbol ecuatoriano, pero en especial un gran amigo, al que vi crecer como profesional y persona. Me pone contento de que se retire como un grande. Él decide cuándo retirarse y se va lleno de gloria”, indica el “Beto”, quien jugó con “Pancho” desde 1994 hasta 2002, año en el que se apartó del  fútbol el argentino.

El ex ariete comparte una de las anécdotas que vivió con el guardameta anconeño que hoy dice adiós al deporte que lo apasiona: “Compartimos muchos momentos lindos. Recuerdo que cuando le comuniqué al plantel que me retiraba, él tomó la palabra y me dijo: ‘Gracias por todo lo que nos enseñaste’. Ahora yo le digo también gracias por todo lo que nos diste, eres el mejor”.

Alfaro tiene nítido el momento que debutó en el “Ídolo”, en 1994: “Con ‘Pancho’ vivimos épocas de vacas gordas y vacas flacas. Mi primer partido fue un Clásico del Astillero. El titular en el arco era (Carlos Luis) Morales y le seguía ‘Espartaco’ (Víctor Mendoza). Allí Morales salió expulsado y Mendoza estaba lesionado, entonces entró Cevallos y tapó el penal que se le venía. Ganamos 1-0 con su soberbia actuación. Es un arquero fantástico, pero sobre todo un ser humano increíble”.

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