Pinto: “Si jugaba con Trobbiani la Copa 1990 otra sería la historia”

- 06 de enero de 2019 - 00:00
Janio Pinto, exjugador y entrenador de fútbol
Foto: César Muñoz / EL TELÉGRAFO

Jugó en América, Liga de Quito, Barcelona y Delfín. Fue goleador del campeonato ecuatoriano en 1988 cuando era jugador “albo” y campeón nacional con el “Ídolo”. Como DT ascendió a tres equipos a las series A y B.

Janio Pinto está convencido que de haber jugado la Copa Libertadores de 1990 junto con Marcelo Trobbiani en la zona de volantes de Barcelona, otra habría sido la historia.

Hoy, con 59 años y desde la sala de su departamento ubicado en una ciudadela al norte de Guayaquil, recuerda su formación futbolística en su natal Brasilia y cómo llegó al fútbol ecuatoriano.

En 1988 fue el goleador del campeonato ecuatoriano con Liga de Quito. Esa actuación le valió para que Barcelona se fijara en él y lo contratara.

Con los “toreros” jugó solo una temporada y tras el título de 1989 salió del equipo. Hoy, 30 años después de ese campeonato, asegura que nunca se enteró de que el duelo ante Deportivo Quito, donde Barcelona definía el título, se tuvo que repetir por decisión de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Revela que en el avión de vuelta desde Quito a Guayaquil, un directivo le dijo que podía viajar a Brasil ya que habían ganado el título.

No jugó el partido a puertas cerradas con D. Quito que le dio el título a Barcelona en 1989. ¿Qué pasó?

El primero sí jugué, el que terminó en relajo, ese lo empatamos y ganamos el campeonato. Pero el segundo partido no jugué.

Cuando regresamos en avión yo hablé con Octavio Hernández, el abogado estaba a su lado, y le dije que yo tenía pasaje para ese mismo día para Brasil y le pregunté si podía ir o me quedaba. Él me dijo “somos campeones Janio, vaya nomás”. Tuve libertad para ir. Pero Isidro (Romero) no sabía de eso. Entonces me fui a Brasil autorizado, en esa época no había internet ni las noticias eran rápidas como ahora.

¿No supo que el partido se tuvo que repetir, nadie lo llamó?

Para nada. Lo que pasó es que el martes en la Federación decidieron jugar otro partido. Y usted cree que (Miguel Ángel) Brindisi me llamó por teléfono. Querían llamarme pero él no dejó y dijo que no me necesitaban. Si me llamaban yo regresaba de una. Me enteré de todo cuando volví para renovar mi contrato y en el aeropuerto bastantes periodistas me abordaron y me preguntaron por qué no regresé.

¿Y eso provocó su salida?

Contrataron como técnico al “Cacho” (Óscar) Malbernat y él al ver esos problemas ya no me quiso. Ahí fue que contrataron a (Marcelo) Trobbiani en mi lugar.

¿Pero nunca habló con el presidente, Isidro Romero?

No. Quizás si hablaba con él me quedaba. Imagínese, Trobbiani y yo en el mismo equipo, de repente Barcelona era campeón de la Copa Libertadores y la historia fuera otra. Además hubiese sido mi primera Copa Libertadores, hubiese puesto todo. Esa (salida del club) fue la mayor injusticia que me hicieron en mi carrera como profesional.

Retrocediendo unos años, ¿cómo recaló en Ecuador?

Fue en junio de 1986. Recibí la llamada de Sergio Marino, que fue mi representante; él ya vivía en Quito. Me dijo que había un equipo que estaba interesado en mí, era el América de Quito, entonces me dijo que viajara.

¿Qué conocía de Ecuador?

Como no había la tecnología y las comunicaciones de ahora, no sabía mucho y pensaba que era un país malo, feo, atrasado y con guerrilla. Tanto así que a mis amigos de Brasil les decía que no sabía si iba a entrenar entre las balas y ellos se reían. En esa época las informaciones que llegaban solo eran malas y no había toda la propaganda de turismo que existe en estos días.

¿Cuando llegó a Quito cambió su impresión sobre el país?

Claro (risas). Desde el avión veía la ciudad por encima, el estadio (Olímpico Atahualpa) y cuando bajé me di cuenta de que era una ciudad maravillosa y dije que aquí tenía que triunfar. El primer día le pedí a los dirigentes del club que me compraran unos zapatos y ese mismo día me puse a entrenar. Algunas veces practicamos en el parque La Carolina.

¿Le afectó la altura?

Antes de viajar la gente me hablaba de la altura y yo no sabía qué era eso ya que no sentía nada. Yo me adapté bien. En las escuelas en Brasil en esa época nadie hablaba de la altura; ahora que tienen miedo. Yo llegué con la idea de triunfar.

¿Cuál fue la primera impresión del fútbol ecuatoriano?

Vi un fútbol débil en la marca y algunos defensas eran lentos, lo que aproveché porque yo era rápido. La única forma de pararme era con patadas (golpes). A veces terminaba los partidos, cuando jugaba con medias blancas, con manchas de rojo por la sangre, ya que en esa época no era obligatorio usar las canilleras.

¿Cómo le fue ese primer año?
Muy bien. Estuve año y medio (1986-1987) y fui el goleador del equipo; también me consideraron el mejor jugador del año y gané varios premios por haber hecho los goles más lejos y el gol más rápido del campeonato.

Luego de América, la Liga de Quito lo contrata y termina como goleador del torneo 1988.
Liga vio los goles que les hice con América y me ficharon. Fue mi representante quien hizo la negociación con Liga, pero fue la peor burrada del mundo ya que estipuló mi pase (derechos deportivos) en $ 20.000, cuando por lo menos eran $ 50 mil. Quedé muy enojado con él, fue prácticamente un regalo.

¿Y encajó bien en Liga?
Pero por supuesto. Hice bastantes goles, de toda forma y de todos lados. Terminé como el goleador del campeonato nacional de ese año (1988) con 19 goles.

Pero tuve muchos problemas, especialmente con el entrenador, Juan Eduardo Hohberg.

¿Qué tipo de problemas?

A mí me decía unas cosas y a la prensa otra. A los medios les decía que yo no le caía bien, que no le gustaba, pero él me mantenía en el equipo por los goles y por mi forma de jugar. Recuerdo que en un partido, en el medio tiempo, yo me saqué la ropa para no jugar porque habló cosas que no eran verdad y quiso acusarme. Fue la dirigencia la que habló y me pidió que entrara y terminé haciendo gol. Pero todo el año fue un problema con ese señor.

¿Cómo se dio su salida de Liga?

A finales de 1989 se me acercó un dirigente de Liga y me trató muy mal, me irrespetó; no era ni Esteban (Paz) ni don Rodrigo, ni (Patricio) Torres. Yo pedí el doble de lo que ganaba, para negociar. Pero ellos dijeron que iba a ganar lo mismo porque ellos habían comprado el pase y que no había nada que hacer.

Barcelona lo seguía de cerca

Claro. Barcelona contrataba a los mejores jugadores del campeonato, entonces me contrató a mí, a “Magú” (Marcos Rodríguez) y a (Aldomario) Bittencourt, ellos de la Católica.

¿Cómo se dio la negociación?

Fue el acuerdo más fácil que tuve en mi vida. Pero no estaba mi representante, se desapareció del mapa. En la mejor hora que tenía que estar presente no estuvo porque quizás hacíamos un mejor contrato con Barcelona. Nunca supe más de mi representante. Yo iba a ganar $ 2.000 de sueldo. Cuando les dije el valor ni reclamaron, aceptaron.

La hinchada de Barcelona es exigente. ¿Cómo lo trató?

Excepcional. Me presentaron en una empresa grande de bebidas y eso salió por todos los medios del país.
Y la fama...

Era fantástico cómo me trataba la hinchada, dentro y fuera de la cancha. Cuando íbamos a jugar a una ciudad, la gente se nos iba encima a pedir autógrafos. Las chicas me pedían besos y yo daba “piquitos”, besos en la boca, y estaba casado... tenía que aprovechar un poco la fama (risas). En Guayaquil la gente me paraba en todo momento en la calle, así que me tocó ir a las oficinas de Barcelona y pedir que me dieran 300 escudos bordados, yo los firmé y los tenía en mi carro y cuando me paraban, regalaba uno. Alguien debe tener por ahí alguno.

¿Y la relación con los técnicos?

Recuerdo que iban a traer como técnico al hermano de Zico, pero a última hora no quiso. De ahí lo trajeron a la “Pepona” José Reinaldi, un hombre simple con el que tuve una muy buena relación. No entendí por qué salió, teníamos un invicto de 16 partidos. Luego contrataron a (Miguel Ángel) Brindisi y ahí comenzaron los problemas, con él no tuvimos relación. “Magú” y Bittencourt se lesionaron, pero yo no. Incluso terminé como goleador del equipo con 15 goles, superando a Manuel Uquillas, que era el delantero goleador.

Luego de Barcelona se vinculó a Delfín de Manta, en 1990.

Sí, pero estuve menos de un año. Los dirigentes fueron mentirosos y deshonestos de cierta forma porque a mí no me pagaron y me daban cheques sin fondos. Entonces, antes del año me boté y me fui a Brasil.

En 1991 lo inscribieron para la Libertadores, pero no jugó...

Regresé a Ecuador para que me dieran mi pase, que era de Barcelona, y así poder jugar en Brasil. Pero al llegar a la oficina de (Xavier) Paulson me dijo que había llegado en el momento preciso y que iban a contratarme como cuarto extranjero para la Libertadores; el técnico era (Jorge) Habegger, que ni me miraba la cara. Solo me puso una vez en la banca. En los entrenamientos con (Rubén Darío) Insúa hacíamos un buen juego.

¿Cuándo inicia su carrera como director técnico?

En 1995, en el Deportivo Bandeirantes. Pero me di cuenta de que necesitaba más experiencia, así que me fui a trabajar a las categorías menores y las reservas del Regatas Guará. Pero mi pensamiento siempre fue regresar a Ecuador.

¿Por qué quería volver?

Porque pensaba que aquí tenía la oportunidad de llegar más rápido a un torneo internacional. En Brasil hay muchos clubes, aquí son 12, es menos.

¿Cuál fue el primer equipo que dirigió en Ecuador?

Panamá. Realmente vine para dirigir a Rocafuerte, pero algo pasó y el dirigente que me trajo arregló para que dirija a Panamá.

¿Cuántos equipos ascendió en el fútbol ecuatoriano?

Cuatro. Dos veces lo hice con el Deportivo Azogues, una a la serie B y a la A. Luego al Independiente a la serie A y a Fuerza Amarilla a la serie B. En 2011 armé todo el equipo de Macará y subieron a la serie A, aunque salí antes. Y este año (2018) armé casi todo el equipo de Duros del Balón, que subió a la serie B. Salí porque hubo incompatibilidad con la dirigencia del club.

¿Qué hizo para lograrlo?

Yo tengo la fórmula para ascender equipos. Primero, pagar al día a los jugadores; segundo pagar quincena y no mensualmente, porque en la Segunda Categoría ganan poco y no pueden esperar un mes para cobrar; si eso pasa entonces se desconcentran y vienen los problemas; tercero, la concentración del equipo, para que los jugadores coman bien y descansen; cuarto, dar las mínimas condiciones de entrenamiento, es decir tener buenas canchas; y quinto, concentrarse después de los partidos.

¿Es un DT “super ofensivo”?

Fui en alguna época. Pero poco a poco fui agarrando más coherencia futbolística. Ahora una de las principales cosas del fútbol es la posición defensiva, solo así se puede ser ofensivo.
El mejor jugador que vio en el fútbol ecuatoriano.
Álex Aguinaga. (Risas) Yo lo quería matar, en el buen sentido. ¡Qué jugador! Era jovencito y tenía un manejo y un control excepcional. Yo le decía a mis compañeros que le dieran duro porque con él no se podía. Me encantaba Aguinaga, nosotros lo respetemos mucho.

¿Quiénes le dieron duro?

Mis amigos de Barcelona, (Jimmy) Montanero y (Hólger) Quiñónez.

Su mayor alegría en el fútbol.

Cuando hice el gol que me dejó como goleador del campeonato de 1988 jugando con Liga de Quito. Ese gol lo hice en Milagro contra Filanbanco, y recuerdo que fue de media cancha. Por primera vez fui goleador de un país y quedé en la historia del fútbol ecuatoriano. (I)

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