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Omar Ponce: “Siempre fui hincha de Filanbanco”

- 14 de abril de 2019 - 00:00
Omar Andrés Ponce Manzo, exárbitro ecuatoriano FIFA.
Foto: César Muñoz / ET

El milagreño de 42 años confiesa por primera vez su amor por el equipo bancario que brilló en la década de los 90 y desmiente a quienes lo vinculan con Barcelona o Emelec. Hace un recorrido por sus decisiones más polémicas y cuenta cómo hizo para salir vivo del estadio de Huracán en 2016.

Antes de convertirse en árbitro de fútbol, Omar Ponce se ganaba la vida como mecánico automotriz. Se especializaba en mantenimiento y reparación de autos de alta gama. Recién había cumplido 18 años y tenía dos opciones: estudiar una carrera o hacer el servicio militar.

Ponce estaba recién graduado del colegio cuando un aviso publicado en un periódico local evitó que se enrolara en la milicia. “Se necesitan chicos jóvenes”, decía el comunicado pautado por la marca Mercedes Benz, sin detallar la tarea específica para la que se los quería reclutar.

Se presentó a la convocatoria sin dudarlo. Se sometió a una serie de pruebas de conocimientos generales y fue uno de los beneficiarios de las becas de estudio que la reconocida marca automotriz alemana le concedió a los jóvenes con mejor perfil que acudieron al llamado.

Después de 4 años, Ponce se graduó y empezó a trabajar como mecánico de planta de Mercedes Benz. Pero una mañana, su hermano Jorge Ponce, quien era árbitro asistente, le hizo una propuesta que cambió su vida. Le preguntó si quería inscribirse en la escuela de árbitros de la Asociación Provincial. Ponce aceptó por curiosidad sin pensar que en el futuro se dedicaría de lleno al arbitraje.

Lo que en principio fue una actividad paralela a su trabajo como mecánico terminó siendo su profesión.
A Omar Ponce le quedaban al menos cuatro años más de actividad profesional, pero optó por retirarse definitivamente debido a una lesión. Una dolencia crónica en el tendón de Aquiles lo aqueja desde finales de 2016 y desde entonces no ha encontrado una solución definitiva.

La mañana del martes 12 de marzo, antes de firmar su carta de renuncia, lo invadió la nostalgia. Pensó en retractarse, pero no lo hizo. Ya estaba decidido. Su retiro fue consensuado con su familia.

Todo ocurrió rápido. Un día antes, el lunes 11 de marzo, había entrenado normalmente con sus compañeros árbitros de Guayas.

Pero la Comisión de Arbitraje de la Federación Ecuatoriana de Fútbol se contactó con él para ofrecerle que se haga cargo del área de capacitación.

Así, de la noche a la mañana, habían terminado 22 años de carrera llenos de aciertos y polémicas.

El día que anunció su retiro los seguidores de Barcelona publicaron en Twitter que dejaba el arbitraje el hincha número uno de Emelec y que el club azul debía organizarle una despedida. Y los emelecistas decían lo contrario. ¿De qué equipo es hincha usted?

Siempre fui hincha de Filanbanco, desde niño. El equipo posteriormente se llamó Filancard y después Valdez. Durante mi adolescencia jugué en ese equipo. Era defensa central y disputé el torneo de segunda categoría.

Pero usted es del cantón Milagro (Guayas). ¿Cómo es que se hizo hincha de un equipo guayaquileño?

Los hermanos Carlos y Hamilton Cuvi son milagreños y amigos cercanos a mi familia materna. Yo tuve la camiseta de Hamilton Cuvi, era un hincha enfermo por el equipo. Así nació ese vínculo con el club desde que era niño. Yo soy uno de los pocos que puede decir que jugué en el equipo del que fui hincha.

¿Por qué no prosperó su carrera como futbolista?

Seguramente porque era malo (risas). Tuve dos lesiones de tobillo jugando intercolegiales. Tenía los pies en forma de pera. Cuando llegó Filanbanco, el director técnico Washington Muñoz me dijo que no podía seguir jugando fútbol así. Cuando me encuentro con el profesor siempre me recuerda que gracias a él fui árbitro. Dejar el fútbol fue un sacrificio que valió la pena.

¿Tanto como cuando tuvo que adelantar la cesárea de su esposa -que había tenido un embarazo complicado- porque usted había sido designado para pitar en el Sudamericano Sub-20 de Perú, en 2011?

Ese fue el sacrificio más grande que tuve que hacer y no me arrepiento porque tuve la dicha de ver nacer a mi única hija. Los médicos la ayudaron a madurar sus pulmones para que pudiera nacer antes de que yo viajara a Perú. Recuerdo que dos horas después de su nacimiento, yo estaba ya en el aeropuerto subiéndome al avión para ir a Lima.

Antes de convertirse en árbitro de primera categoría usted había pensado en retirarse, pero su hermano Jorge y el exárbitro Roger Zambrano influyeron para que no lo hiciera. ¿Qué pasó exactamente?

Yo estuve estancado siete años en la segunda categoría y estaba decidido a retirarme. No subía supuestamente porque era muy joven y no tenía experiencia. Pero Roger llegó a la Comisión de Arbitraje en 2005 y un año después subí a primera. Roger llegó e hizo una limpieza porque salieron alrededor de 15 o 20 árbitros. Así fue como subimos con Byron Romero, Christian Lescano, Diego Lara, Roddy Zambrano, Juan Carlos Albarracín, entre otros.

Si se hubiera retirado en 2005, ¿a qué se hubiera dedicado?

Seguramente a la mecánica automotriz. O quizá de lleno a la docencia, que es otra de mis pasiones. Estoy por obtener mi maestría en Educación Física y en la Comisión de Arbitraje de la Ecuafútbol me desempeñaré como instructor. Sería egoísta retirarme y no compartir lo que he aprendido con las nuevas generaciones de árbitros para que estén menos expuestos a polémicas.
Justamente quiero entrar en ese ámbito. He elaborado una lista con algunos episodios polémicos en los que estuvo involucrado.

Uno de los más dramáticos ocurrió en abril de 2016, en Buenos Aires, cuando tuvo que salir de la cancha escoltado por policías después de anular dos goles en el partido de Copa Libertadores entre Huracán y Peñarol. Usted dijo que vivió momentos de angustia. ¿Qué pasó?

Nunca había vivido una situación así. El partido transcurrió sin contratiempos hasta los 89 minutos, cuando Daniel “Rolfi” Montenegro remató desde fuera del área y Ramón “Wanchope” Ábila, que estaba adelantado, se hizo a un lado para que la pelota entrara. Como hubo interferencia de Ábila en la jugada anulé el gol. Todos los jugadores de Huracán estaban festejando el gol sin darse cuenta de que Peñarol jugó rápido y se lanzó al ataque. El arquero del equipo argentino bloqueó el ataque de los uruguayos y mandó la pelota al tiro de esquina. El guardameta de Peñarol subió para buscar el cabezazo y marcó el gol, pero con falta, por lo que también anulé ese tanto. Yo dije “aquí nos matan”.

Recuerdo haberlo visto en la televisión hablando desesperadamente por el intercomunicador que tienen los árbitros...
Hablaba con mis asistentes y les advertía que la situación no iba a ser fácil. Al cuarto árbitro le pedía que alertara a los policías para que nos protegieran.

¿Qué ocurrió cuando terminó
el partido?

Los jugadores de los dos equipos nos rodearon y empezaron a pisarme el pie y a darme patadas en las canillas. Cuando hay este tipo de problemas los jugadores no pegan arriba, sino abajo para que la agresión no quede registrada. Yo me defendí con los brazos y los pies hasta que llegó la policía y nos protegió. Pero recibí muchos golpes.
Y la Conmebol le dio la razón y avaló sus decisiones...

Lo hicieron porque yo tenía la razón. A los jugadores que me agredieron los suspendieron.
Marcos Díaz, arquero de Huracán, le dijo rata en la transmisión en vivo. ¿Lo escuchó?

Sí, pero lo vi en la televisión, cuando estaba en el hotel. Todo eso se informó a la Conmebol y se establecieron sanciones.

Un año antes de este incidente, usted tuvo un entredicho con Omar De Felippe, extécnico de Emelec, por no pitar un penalti a favor de los eléctricos en un partido ante Liga de Quito en Casa Blanca. El DT dijo que su arbitraje había sido desastroso y el Tribunal de Apelaciones de la Ecuafútbol lo suspendió tres fechas por insultarlo a usted.

Tuvimos un careo en el Tribunal de Apelaciones. Él se disculpó, dijo que había tenido una mala tarde y que sentía mucho haberme insultado. El Tribunal le levantó la sanción. Ese día conversamos unos minutos a solas, volvió a pedirme disculpas. Desde entonces se mostró muy respetuoso. Esa misma semana me tocó ser el cuarto árbitro en un partido de Emelec en Copa Libertadores y cuando pasé por el camerino de Emelec, De Felippe se me acercó, me saludó, me abrazó. Hace poco nos volvimos a ver en la cancha de Colón de Santa Fe, fue muy cordial.

¿Ha sido amigo de algún director técnico?

Nunca. Con quien tuve cercanía en algún momento fue con Gustavo Quinteros y su asistente Luis Suárez. Ambos me llamaban con frecuencia para hacerme consultas sobre reglas de juego. Una vez coincidimos con Juan Manuel Llop en el aeropuerto de Santiago (Chile) y me invitó a tomar una cerveza. Él me reconoció.

Yo pensé que Luis Zubeldía había sido su amigo porque siempre elogiaba su trabajo. Para el DT argentino usted era el mejor árbitro del mundo...

Luis Zubeldía era una joyita. Se movía mucho en la zona técnica, reclamaba bastante. Vive intensamente el fútbol. También tuve encontrones con él. Pero el destacaba de mí la fluidez que le daba al juego. Eso le gustaba a él, a Jorge Sampaoli, Guillermo Almada y a Octavo Zambrano.

¿Es Zubeldía el estratega más difícil de tratar en la zona técnica?

El primero en ese aspecto es Jorge Sampaoli. Él siente el fútbol de una manera intensa. Una vez estaba dirigiendo dentro de la cancha y ni él ni el cuarto árbitro se había dado cuenta. Solo por eso no lo expulsé, pero le llamé la atención.

Hay más polémicas. La más reciente ocurrió a finales de octubre del año pasado cuando fue suspendido y enviado a una clínica de arbitraje por no pitar un penalti a favor de Aucas en un duelo ante Emelec. ¿Le dolió esa sanción?

Esa fue la sanción más dolorosa de mi carrera. El asesor arbitral Bommer Fierro me puso calificación regular y esta fue ratificada por la Comisión de Arbitraje. Todo ocurrió por un penalti que no pité a favor de Aucas por una mano de Leandro Vega. Ninguno de los árbitros que estábamos en el partido la vimos en ese momento. Revisando los videos en cámara lenta constatamos que sí existió, pero nunca la vimos. Somos seres humanos y podemos equivocarnos.

En septiembre de 2011 el problema fue con Barcelona. Luis Noboa, vicepresidente del equipo en esa época, pidió a la Ecuafútbol que lo sancionara por haber influido en la derrota de su equipo por 2-0 ante El Nacional, en el estadio Olímpico Atahualpa. Según el exdirectivo, usted no sancionó un penalti a favor del “Ídolo” y a jugada seguida marcaron los locales...

Lo recuerdo. Luis Zubeldía era el director técnico de Barcelona. La dirigencia argumentaba que yo no había pitado una falta penalti que nunca existió porque fue fuera del área. Pero tampoco pité la falta, por lo que El Nacional salió jugando inmediatamente y convirtió para mi mala suerte. Fue error mío porque debí pitar la falta al borde del área. No tuve un buen día.

Después, en 2013, la directiva de Deportivo Quevedo, que ese año disputaba la serie A, pidió recalificación para usted, que había obtenido 7.5 puntos después de un partido entre los quevedeños y Barcelona en el estadio 7 de Octubre. En ese juego los canarios se impusieron 1-0 y usted no pitó un supuesto penalti a favor de los locales.

Fue una situación difícil. Fue una mano de Roosevelt Oyola que mis asistentes y yo vimos fuera del área. Pero cuando recurrimos a los videos resulta que sí había sido penalti. Era la primera fecha del campeonato.

Considerando todo esto, ¿cree usted que es una necesidad urgente la incursión del VAR en el fútbol ecuatoriano?
Lo es. Si hubiera contado con esa ayuda en su momento no estuviéramos hablando de polémicas. Esta es una herramienta importantísima para el fútbol y debe tener espacio. Pero no puede implementarse de la noche a la mañana. Los árbitros nos estamos capacitando para incorporar la tecnología en nuestras decisiones, pero no solo nosotros debemos hacerlo sino también los futbolistas. Ellos creen que pueden pedir el uso del VAR en todas las jugadas, pero no es así. El romanticismo se acabó en el fútbol, el uso de la tecnología es necesaria. En fútbol hay mucho dinero de por medio, mucha gente pierde y gana plata con nuestras decisiones.

¿Cuál fue el error más grave que cometió en el arbitraje?

La expulsión de Marcos Mondaini en el primer 5-0 en el Monumental. Yo estaba siguiendo una jugada, cuando regresé la mirada atrás vi a Marcos agrediendo a José Luis Perlaza. Pero lo que no advertí en ese momento es que se trataba de una reacción de Mondaini a una provocación previa de Perlaza que yo vi horas después en la televisión. Yo debía expulsar a Perlaza también.
Pero a Mondaini se lo ve salir de la cancha muy tranquilo, como si estuviera aceptando la culpa de todo...
Él actuó con una paciencia que hasta a mí me sorprendió. Mondaini es un señor, un caballero. Lo respeto y lo admiro como jugador y como persona.

¿Y seguramente se volvieron a encontrar después de ese episodio?

Cada vez que coincidíamos en cancha o en algún evento se disculpaba; me decía que reaccionar a la provocación había sido un error.

En ese mismo partido expulsó a Cristian Nasuti por una patada flagrante contra Michael Arroyo... 

Esa fue sin duda la patada del siglo (risas). Ese fue uno de los clásicos en el que me sentí muy cómodo, más allá del error al expulsar solo a Modanini. El cotejo fluyó bien, hubo muchos goles, pité un penalti. Es uno de mis mejores clásicos.

¿Y cómo fue el primero?

Nadie daba un peso por nosotros porque no teníamos experiencia. Toda la terna era nueva. Entrenamos la semana previa exclusivamente para ese partido. Empecé un poco nervioso, pero con el paso de los minutos me sentí más seguro y cuando mostré la primera tarjeta supe que tenía controlado el cotejo. Paradójicamente, esa tarjeta se la saqué a José Luis Perlaza.

¿Cuál es el jugador que más pega en la cancha?

Álex Bolaños sin lugar a dudas. No recuerdo cuántas veces lo expulsé, jugaba al límite del reglamento. (I) 

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