John Jaramillo se alista para volver a la actividad tras 19 meses de para

- 27 de octubre de 2014 - 00:00
John Jaramillo evidenció rápidos progresos en su etapa juvenil, pero nunca llegó a la titularidad en un elenco de la serie A. Su afán es volver a la actividad. Foto: Archivo / El Telégrafo

Los recuerdos son lindos, pero a veces hostigan... El exgolero John Jaramillo (23 años) se cansó de exhalar melancolías. Está dispuesto a bajar de peso y retornar al fútbol. Desde la semana pasada invierte una hora diaria en trotar y hacer abdominales.             

Igual que a Rocky Balboa, a John se lo ve ejercitándose en las calles del barrio La Florida, en su natal Puyo. La rutina se complementa con una dieta rigurosa, libre de comidas saturadas en grasa (frituras...) y abundante en legumbres y frutas.

Todo es cuestión de tiempo, dice Francisco Reinoso (51 años), preparador de arqueros de la Selección Ecuatoriana, quien lo asesora desde Quito. Si todo va bien, para finales de año estaría en buena forma física y sería posible entrar a la parte técnica. “Con John hay que comenzar de cero, la inactividad de 19 meses lo dejó en pésimo estado”.

De la ilusión a la promesa

Marzo de 2013. De la noche a la mañana, John desapareció del mapa futbolístico. Gustavo Costas, entrenador de Barcelona en aquel entonces, admitió no saber nada sobre su paradero. Lejos estaba de conocer que el meta regresó a Puyo con la idea de abandonar el balompié.

El periodista Edwin Pazmiño (42 años), quien lo conoce desde sus inicios a escala intercolegial, asegura que su presencia en la capital de Pastaza sorprendió a todos. La decisión del retiro la atribuye al “carácter difícil” del deportista.

Con aquello coincide Jerbis Arboleda (45 años), tío del exatleta, quien considera temperamental al sobrino. Buen chico, pero rebelde. Le es difícil superar el deceso de su padre, Hugo Marcelo Jaramillo Villarroel, ocurrido el 19 de diciembre de 2007 a causa de un infarto.

Ante la inesperada muerte del jefe de hogar, el más afectado fue John, el menor de los 3 hijos que Hugo procreó con Norma Arboleda (50 años). Valeria (26 años) y Álex (24) reaccionaron con mayor serenidad. El progenitor es quien pintó de ilusión la existencia del joven. Le regaló los primeros guantes y definió su apego por el arco. A él y a Álex los llevaba a observar los campeonatos en los que terciaba, sobre todo los internos del Consejo Provincial de Pastaza, donde cumplía la función de chofer.

Hugo también era guardavallas, precisa Norma, y el último de sus vástagos quería ser como él. Desde el jardín de infantes Semillitas, hasta la Selección Nacional, pasando por las unidades educativas San Vicente Ferrer y Primero de Mayo, y el club amateur 12 de Febrero, a John jamás se le ocurrió jugar en otro puesto.

Tras la partida del padre, esa influencia se transformó en promesa. Norma rememora el instante en el que John salía a Quito para presentarse en Liga. Solo cuando lo vio con la maleta se dio por enterada de las intenciones del adolescente y reparó en cuán serias eran las conversaciones entre Hugo y John.

El chico quería vincularse a las divisiones menores del Macará, el padre le recomendaba ir a la ‘U’.

Sueños, realidades y decepciones

“Tú serás el arquero de Liga de Quito”. Según Norma, aquellas palabras las virtió Fernando Moya, preparador de arqueros del club ‘albo’, luego de evaluar a su hijo. Y Aunque ella poco entendía de balompié, se dio cuenta de que, a los 16 años de edad, su retoño era un diamante en bruto. Las convocatorias a la selección colegial y a la selección de Pastaza explicaban el interés de su difunto esposo por abrirle camino en la alta competencia. Norma no dudó, utilizó los escasos recursos que tenía para arrendar una vivienda en Pomasqui, cerca al complejo ‘merengue’.   

Durante 6 meses pago rentas de $800, hasta cuando Moya intervino y condujo a John a la residencia que Liga otorga a los jóvenes de otras provincias.

El puyareño demostró rápidos progresos. Lamentablemente, con cancerberos de la talla de José Francisco Cevallos, Alexander Domínguez y Daniel Viteri, su espacio de oportunidades se redujo. La chance de estrenarse en primera no llegaba. El llamado al combinado ecuatoriano Sub-20 calmó en algo la ansiedad del exponente.

Julio César Rosero (50 años), asistente técnico del elenco que intervino en el Campeonato Sudamericano Sub-20 Perú 2011 y en la Copa del Mundo Colombia 2011, califica a John como un excelente portero. El mejor del Sudamericano y pilar fundamental en la clasificación de Ecuador a los octavos de final del evento planetario.

Su calidad era indiscutible. Desafortunadamente, a criterio de Rosero, el entorno de Jaramillo no fue el mejor. Su crecimiento en Liga estaba estancado, el ansiado debut en primera A no se cristalizaba y eso comenzó a decepcionarlo.

Y si bien cederlo en 2011 al Macará de la primera B y en 2012 al Cumandá de segunda ayudó a mantenerlo activo, aquella realidad no correspondía a los sueños que diseñó junto a sus padres.
Norma cita que en LDU-Q, incluso, le hablaron de facilidades para adquirir una casa. Aquello nunca se concretó. La depresión se apoderó del amazónico. El dolor por la ausencia del padre recrudeció y, debido a los altibajos emocionales, cayó en el desorden alimenticio. Francisco Reinoso revela que en 2011, para el torneo surcontinental, ya tuvieron que aplicarle un tratamiento. Tenía 20 libras extras. 

La posibilidad de volver

Cuando los mira por televisión, a John se le eriza la piel. Él era tan figura como cualquiera de ellos. Dedicado ahora a supervisar trabajos de construcción, quienes lo tienen cerca, tal vez, ni se imaginen que compartió cancha con Neymar, Paúl Pogba o James Rodríguez.

El mejor cuidapalos del certamen sudamericano Sub-20 de 2011 y referente indiscutible en el mundial juvenil de la citada temporada, vigila la labor de la excavadora, mientras en su mente se idealiza el deseo de retornar al campo de juego.

Esa aspiración se encadena con su retiro del fútbol. Desencantado, porque tampoco en el Barcelona de 2013 tendría la ocasión de integrar el primer equipo, Jaramillo optó por colgar los botines. Norma indica que seguir como suplente terminó por colmarlo. “Se resintió tanto. Los últimos días no practicó con ánimo ni voluntad”, detalla.

En fin, el dinero que ahorró durante su corta trayectoria lo invirtió en la excavadora y los contratos que le genera esta máquina son su principal fuente de ingresos.

Casado con Lali Palma, con quien engendró a Yoandri Sebastián (2 años), el exmeta no topa balón desde marzo de 2013 y, por ahora, tiene 99 kilos, 15 más de su peso óptimo. Este tiempo le ayudó a reflexionar y se sentiría agradecido si en los próximos meses, ya recuperado, consigue cupo en alguna plantilla de la serie A.

“Quizás los problemas, mi mente negativa. Llegar a un equipo grande y, pese a ser reconocido, no ser tomado en cuenta afectó mi carrera. En el fútbol hay que tener perseverancia y aguantarse hasta que llegue el chance...”, sintetiza. 

Por ahora, Pancho Reinoso y Hólger González, preparador físico de la ‘Tri’, le remitieron un plan de ejercicios anaeróbicos con los que piensan dejarlo a punto. Luego vendrá el reacondicionamiento técnico.

Reinoso respalda 100% a Jaramillo, a quien considera un hijo. La estima que le tiene nace en una triste coincidencia. El instructor también perdió a su padre cuando tenía 16 años, justo la temporada que saltó al profesionalismo con la divisa de Universidad Católica.    

“Como arquero, John Jaramillo tenía todo. Por su estatura era seguro en el juego aéreo, achicaba bien, firme de manos. Me alegra que quiera regresar. Tenía el potencial para ser el arquero de la Selección absoluta”, expresa.  

Julio César Rosero concuerda con Reinoso. Afirma que el timonel Reinaldo Rueda y el preparador de porteros Pedro Sape, quienes laboraron en el conjunto abanderado hasta el Mundial ‘Brasil 2014’, tuvieron en carpeta a Jaramillo. Lastimosamente, las circunstancias degeneraron en su irregularidad y eso alteró los planes proyectados para él.  

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