Jimmy Blandón confiesa que salir de la selección "arregló" su vida

- 13 de agosto de 2018 - 00:00
Exfutbolista y seleccionado nacional.
John Guevara / El Telégrafo

El exvolante de marca esmeraldeño, Jimmy Blandón, fue convocado a la selección ecuatoriana por Hernán Darío Gómez cuando atravesaba su mejor momento. Pero infringir el permiso con una hora de retraso provocó que nunca más vuelva a vestir la camiseta tricolor.

Con pantaloneta, camiseta y las medias subidas hasta las rodillas -como cuando se equipaba para jugar fútbol- pero con más canas y mucha experiencia, se puede encontrar en el recinto El Tigre, de la provincia de Esmeraldas, al exseleccionado nacional Jimmy Blandón.

Tras su retiro del fútbol profesional Blandón decidió entrenar a niños y jóvenes de forma gratuita. En El Tigre, localidad a la que considera su hogar, se levanta en medio de casas -la mayoría de madera- una pequeña escuela que tiene como punto central una cancha de césped entre verde y amarillento.

En ese lugar, el exvolante de la selección ecuatoriana enseña a un grupo de niños y jóvenes los fundamentos del fútbol. Con una voz fuerte pero afectuosa corrige cada uno de los movimientos de los futuros futbolistas y les enseña a dominar la pelota.

Han pasado 12 años desde que dejó el profesionalismo, pero aún se emociona cuando tiene un balón cerca. Fueron 13 clubes los que defendió desde que debutó en 1990; el último equipo donde jugó fue el Cinco de Agosto, en 2006.

¿Cómo califica su paso por la selección ecuatoriana a la que llegó primero de la mano de Francisco Maturana y luego con el “Bolillo” Gómez?

Las cosas en la Selección fueron positivas, salvo cuando nos tocó salir junto con Eduardo Hurtado por un malentendido. Pero de alguna u otra manera eso me sirvió muchísimo para asentar cabeza y empezar a través de los estudios a adquirir conocimientos que hoy en día me ayudan a ir por el camino correcto.

¿Qué incidente provocó su salida de la Tricolor?

El episodio de la salida de la selección del “Bolillo” se dio por una hora de retraso. No llegamos en mal estado (borrachos) porque siempre respeté las concentraciones.

No supe tomar mi decisión y por esperar a mi gran amigo Eduardo Hurtado (pidió un pollo y tardó en llegar el repartidor) llegamos a las 22:00 y no a las 21:00 como era lo acordado con el cuerpo técnico.

En ese momento el profesor Gómez estaba en Guayaquil, porque viajaba con una selección alterna y le pasaron una información errónea. Fue así que tomaron la decisión de separarnos, cosa que me molestó mucho porque el profesor Gómez me manifestaba que era su brazo derecho, porque le daba dinámica, armonía y alegría a la selección. Siempre reconoció mi nivel de juego pero nunca se me acercó o me dio la oportunidad de decir la verdad de lo sucedido.

¿Se sintió traicionado por el “Bolillo” Gómez?

Me molestó mucho por todas las cosas buenas que siempre decía de mí, pero como dije, el salir de la selección me ayudó a arreglar mi vida.

Más bien creo que en ese momento él pensó que yo le fallé, cosa que no fue así, porque si habríamos llegado en mal estado (borrachos) lo hubiéramos reconocido.

Esa vez en la selección llegamos atrasados no nos dieron la oportunidad de explicar lo que había sucedido y nos tocó salir, pero, como manifesté, esa descalificación cambió mi perspectiva de vida.

¿Por qué considera que le hizo bien salir de la selección?

Porque si no hoy en día fuera una persona con mucho dinero y tal vez lo habría mal gastado por la vida que llevaba, estar preso por haber atropellado a alguien o de pronto hasta en una silla de ruedas por un accidente. Entonces perdí la posibilidad de ir al Mundial (la selección de Gómez clasificó a Corea y Japón 2002), perdí mucho dinero, pero gané salud, vida y lo importante es que ahora puedo contar a muchas personas mi paso por el fútbol, lo bueno y lo malo y creo que eso es el propósito de vida del ser humano.

Además debemos reflexionar y pensar un poco de que el fútbol no es una herramienta solo para hacer dinero y darnos cuenta de que a veces destruimos un sinnúmero de seres humanos, no voy a citar nombres pero ustedes conocen casos de futbolistas que en su debido momento consiguieron fama, pero como nunca nos enseñaron que cuando llega el reconocimiento empiezan muchas distracciones y a la larga somos solo desechables porque cuando ya no eres útil ni siquiera te dicen gracias simplemente te dicen “ya no te necesitamos”.

¿Qué sintió tras quedar fuera de la selección que clasificó al primer Mundial?

Cuando estaba en cuarto nivel de la carrera de cultura física (de la Universidad Luis Vargas Torres de Esmeraldas) empecé a entender en dónde había malgastando mi tiempo. No supe tomar mis decisiones porque siempre me dejé llevar por los que se hacen llamar amigos, porque cuando estás bien, ellos aparecen y cuando estás mal desaparecen.
Empecé a adquirir conocimientos que me permitieron ordenar mi vida. Me di cuenta de lo egoísta que había sido con mi familia

¿De qué manera fue egoísta?

Por ejemplo llegaba a Esmeraldas y era máximo una hora que estaba en mi casa y el resto era pasar en la playa divirtiéndome con mis amistades hasta el día que me tocaba irme.

La verdad que fui bastante irresponsable y deshonesto en ese sentido con mi familia, pero ahora la cosa es distinta con el conocimiento que he adquirido trato de transmitirlos para que otros no cometan los mismos errores que yo.

¿Desde cuándo cometió esos errores que menciona?

Fueron un cúmulo de faltas que venía cometiendo, desde que estaba en Centro Juvenil Deportivo. Terminábamos de jugar e íbamos directo a la playa, entre bailes y copas hasta el otro día. Sin embargo atribuyo un poco la responsabilidad a algunos entrenadores, porque hay técnicos que con tal de ganar un partido no les importa si un ser humano se destruye.

En ese sentido ¿en qué suelen fallar los adiestradores?

He visto muchos casos después del mío, en el que no importa si el jugador faltó a dos entrenamientos, si llega borracho, si está preso por conducir en estado etílico, porque si en el fin de semana nos marca dos goles o juega bien y ganamos el partido está todo resuelto y me parece que las cosas no se deben manejar así.

Está bien que nos den la posibilidad de crecer, pero si no nos frenan o no somos sometidos a disciplina, -porque el tema es ese- si a ti no te dicen que estás haciendo cosas negativas y no te sancionan para que logres entender, entonces tú sigues porque crees que todo lo que haces lo estás haciendo bien y no es así.

Entonces fue así en Centro Juvenil Deportivo, fue en Santos del Guabo, Cuenca, Barcelona y Emelec; fue en Blooming de Bolivia, ya no tanto en Millonarios de Colombia porque me fui allá sobregirado de rumba y alcohol desde Esmeraldas; todo eso se acumuló y justo cuando estuve en la selección, en donde tenía la oportunidad de llegar a un Mundial, pues recibí realmente lo que me merecía por todo lo malo que venía haciendo anteriormente.

¿A qué se dedicaba cuando quedaban libres luego de los partidos?

Yo después de los partidos era libre, tenía derecho a bailar, porque me gustaba mucho, me tomaba una cerveza. Sí, en ocasiones exageré, desconocía muchas cosas que me impidieron avanzar mucho más en el fútbol, pero no creo que fue una falta tan grave para salir de la selección, pero como dicen que todo en la vida tiene su por qué y a mí me sirvió mucho haber salido del equipo de todos.

¿Esos excesos provocaron que termine en la cárcel?

Cometí faltas graves y estuve preso día y medio en Cuenca y por 15 horas aquí en Esmeraldas, ambas por conducir en estado etílico, pero dije no más, porque son avisos que te dan, si no te comportas, entonces te quedas guardado en la prisión o tienes una vida más complicada, por eso reitero que me hizo bien salir de la selección.

¿Qué conocimientos y experiencias transmite a sus pupilos?

Aquí en Esmeraldas la gente dice que soy muy radical, porque les he dicho que prefiero perder un partido o que me echen de un equipo, antes de cometer los mismos errores que sellaron mi destino y el de algunos jugadores. Siempre hago hincapié en que estudien, que se vistan bien, que se expresen bien. No me gustan las imitaciones sin sentido y por eso trato de que cada uno tenga su propia identidad.

¿Es difícil para los jóvenes saltar al profesionalismo en Ecuador?

Ahora sí porque tienen muchas distracciones. Anteriormente recibía muchos castigos de mi madre porque me iba a jugar sin permiso de ella, porque esa era mi vida, mi pasión. Pero hoy en día hay que pegarles para que vengan a entrenar porque prefieren estar en las redes sociales, las selfies, están en la mesa y chatean, pero no solo los hijos sino también los padres. Prácticamente estamos un poco desorbitados y todo eso contrarresta el crecimiento profesional y personal.

Somos fáciles para imitar todo lo negativo, entonces la idea de que al menos la formación de ellos, de que la información que reciben sirva para que más adelante sean grandes seres humanos. Hay algunos colegas que no lo hacen.
Todos los días trato de que ellos sean seres humanos normales, de que aprendan a tomar sus propias decisiones

Tras colgar los botines ¿Cómo mantiene sus finanzas?
Primero creo que ayudando a estos chicos soy más productivo que cuando jugaba fútbol profesional. Además me suelen llevar a jugar partidos en la categoría sub-45 y me dan $ 100 por cada uno, así que no me complico por el dinero porque algo hice cuando fui profesional y de cuando trabajé en varios lados.

¿Cómo fueron sus inicios en el fútbol profesional?

Empecé en el club Cinco de Agosto, que pertenece al colegio del mismo nombre, donde jugué cinco temporadas. Luego pasé al Centro Juvenil Deportivo entre 1989 y 1990 con el que logramos ascender a la Serie B. En ese equipo tuve a compañeros como Eduardo Hurtado, Listron Valencia, gente que luego incursionó en grandes equipos del país.
En 1991 pasé al Santos del Guabo hasta que en 1993 fui al Deportivo Cuenca entre los años 1994 y 1997.

¿Esos años fueron los más importantes para usted?

Me hice conocer realmente en la primera división con el profesor Carlos Ramacciotti. Luego en 1998 estuve en Millonarios de Colombia, al año siguiente recalé en Blooming de Bolivia, para en el 2000 regresar a Ecuador a Barcelona. En 2003 jugué en Éspoli, 2004 otra vez en Deportivo Cuenca, 2005 cerré mi carrera en la primera división en Emelec y me retiré a los 36 años en el club en el que me inicié Cinco de Agosto, donde a la vez jugaba y entrenaba al equipo.

¿Cómo califica su carrera en los 18 años de actividad?

Creo que fue muy productiva, porque gracias al fútbol logré mejorar mi calidad de vida, conocer gran parte de mi país, buenos amigos, otras culturas y algunas naciones de Sudamérica y Centroamérica.
Además me permitió ayudar a mi familia y eso me deja feliz a pesar de los excesos.

Ahora, en esta nueva faceta de entrenador ¿cómo analiza la formación de jugadores en el país?

Es difícil por la sociedad actual en la que vivimos. Por ejemplo, los padres dicen: “mi hijo, por culpa de fulano cometió un error, por culpa de zutano mi hijo está preso” y eso no es así. Las cosas, buenas o malas que nos pasan, es de culpa de uno mismo. Yo decido hacia dónde quiero avanzar o si me quedo estancado.

Porque acá somos campeones de echarle la culpa a los demás de lo mal que nos está yendo en la vida. Entonces partiendo desde ahí podemos ayudarlos a que se desenvuelvan en el ámbito deportivo y puedan avanzar con más firmeza.
Muchos de los juveniles no llegarán a ser profesionales ¿cómo los prepara para asumir ese golpe?
Dándoles las herramientas desde el fútbol y el deporte, que son una base y que a ellos les va a servir para enrolarse en otra profesión si no alcanzaron a ser futbolistas. Pero de nada sirve que solo vengas a entrenar y descuides los estudios porque ahora hasta para botar agua hay que tener un título.
Entonces por ese lado nosotros vamos muy bien acá con los chicos.

¿Cómo le va en su etapa de entrenador?

He dirigido algunos clubes, me ha ido bastante bien sin tener respaldo económico, no me desespero por querer salir de acá y dirigir a equipos grandes, todo tiene su tiempo. Hace un par de meses estuve en Guayaquil dirigiendo a Nueve de Octubre, las cosas para mí fueron súper positivas dado que con el poco tiempo de trabajo que tuvimos hicimos una participación aceptable.
De a poco, con el ejemplo y la práctica, les he ido demostrando a ellos (niños y jóvenes) que lo que se les ha inculcado no es algo que me inventé, sino que son cosas reales.

¿Le costó volver a los estudios en la universidad?

Bueno gracias a Dios obtuve mi título de Licenciado en Cultura Física de la Universidad técnica Luis Vargas Torres de Esmeraldas. Al principio un poquito difícil porque cuando empecé a estudiar, después de 23 años. Recuerdo que en la materia de Lenguaje y Comunicación hablaban de los signos de puntuación y yo quería salir a la carrera (sonríe) porque la verdad que no me acordaba y decía pero esto lo vi en algún momento de la escuela.
Pero cuando entré a ver filosofía, ese fue el punto clave que empezó a abrir mi camino y me impulsó a seguir de lleno en los estudios, a corregir muchos de los malos hábitos que había adquirido anteriormente, ahora considero que soy más productivo que cuando jugaba.

¿La práctica del fútbol de qué manera influyó en su vida familiar?

Lastimosamente me separé por todo lo que hice anteriormente. Cuando ya me di cuenta de lo irresponsable que había sido intenté recomponer, pero ya se torna complicado porque cuando uno hiere a alguien, por mucho que te disculpen o perdonen, las heridas se cierran pero quedan cicatrices y así fue. Lo importante es que nos llevamos de la mejor manera, ellos están bien y eso me deja tranquilo. Tengo dos hijos, el uno de 25 años (Edy) que incursionó algo en el fútbol y es cantante y mi hija (Naomi) tiene 20 años, también canta. (I)

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