Barça, símbolo eterno del catalanismo

- 15 de septiembre de 2014 - 00:00
Un grupo de hinchas del FC Barcelona muestra la leyenda ‘Seremos libres’ durante un partido de su equipo en el estadio Camp Nou. Foto: Cortesía

¿Puede un club de fútbol convertirse en símbolo identificador de un país? Sí, puede. Desde su nacimiento, el Barça ha vivido integrado plenamente a los cambios sociales y culturales de Cataluña.
Su imagen, como símbolo del país, la podemos observar en múltiples manifestaciones. Formar parte del movimiento político catalán para defender la cultura, la lengua y la identidad nacional ha sido siempre una prioridad dentro y fuera de los terrenos de juego para un club que cumple más que una función deportiva.

La trascendencia social de todas las acciones públicas del FC Barcelona ha ido ligada, desde sus inicios, a la historia de Cataluña y a sus hechos más importantes. En estas fechas tan señaladas, no podía faltar el homenaje del Barcelona a los caídos de la Guerra de Sucesión de 1714. Pero, para poner en contexto, contamos los hechos de la historia del Barça que lo han vinculado eternamente al nacionalismo catalán.

Ya desde su fundación en 1899, el FC Barcelona se convirtió en un referente deportivo e institucional del pueblo de Cataluña. Nacido en una burguesía nacionalista junto a otras instituciones, como el Orfeó Català o Centre Excursionista, el Barça, con pequeñas muestras de acercamiento al catalanismo, se convirtió en algo más que un club de fútbol apoyando a las instituciones políticas que defendían la lengua, la cultura y las tradiciones de Cataluña.

Probablemente la primera gran acción de trascendencia social fue el apoyo oficial a la petición del Estatuto de Cataluña de 1918, hecho que lo convirtió, al ser el único club deportivo adscrito a la petición, en “el club de Catalunya” según escribió el periódico La Veu de Catalunya en esa época.

La segunda gran muestra antes del franquismo fue la pitada ensordecedora al himno español en 1925 en el estadio de Les Corts, castigada con 6 meses de inhabilitación. Reprimido ya en su día por la dictadura de Primo de Rivera, la Guerra Civil del 1936 al 1939 acabó con la inercia de un club que crecía exponencialmente, incluso asesinando a su presidente, Josep Sunyol, en manos de las tropas franquistas.

Francisco Franco lo intentó todo para terminar con el Barcelona. Le cambió el nombre por contener palabras en catalán, el escudo por dibujar la cruz de Sant Jordi y la bandera de Cataluña, le impuso juntas directivas de extrema derecha, le prohibió el catalán de forma oficial e intervino en el fichaje de

Di Stéfano por el Real Madrid cuando ya estaba firmado por el Barcelona, aprovechando el poder de las escuchas telefónicas entre el club catalán y River Plate. El peso y la resistencia de los socios, aumentando día a día por las injusticias que se producían, hicieron sobrevivir al Barça y mantenerlo como club de primer nivel. El presidente Agustí Montal entró en 1969 con afán de recuperar todos los símbolos perdidos, poniéndose a la contra a todo el Gobierno español. En 9 años devolvió al Barcelona todo lo perdido desde 1939 pese a las reprimendas del régimen.

Con la llegada de Josep Lluís Núñez a la presidencia, el Barça aumentó considerablemente su patrimonio y su capital, pasando a convertirse en uno de los clubes más ricos del mundo y obteniendo los títulos y el reconocimiento buscado durante décadas. Pese a conseguir futbolistas como Cruyff o Maradona, o disponer de más de 125.000 socios distribuidos por el mundo, el Barça siempre se ha mantenido fiel a sus raíces catalanas y a su sentimiento catalanista, convirtiéndose en la actualidad en uno de los mayores símbolos del nacionalismo político catalán.

En 1992 la Generalitat de Cataluña premió al FC Barcelona con la Creu de Sant Jordi, un distintivo que nunca más se adjudicó a un club deportivo. En 2003, Joan Laporta fue elegido presidente y revolucionó el carácter nacionalista del club, volviendo a mostrar desacomplejadamente su fértil sentimiento catalanista y recuperando el espíritu de los años de Montal, con continuas muestras de apoyo a los actos para exaltar la cultura, la lengua y las tradiciones del país.

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