Una nueva oportunidad

22 de junio de 2020 00:00

Vinicio Angulo o “Vinicius”, como le decía Diego Armando Maradona cuando estuvo al mando de Dorados de Sinaloa, tiene 31 años y nació en Guayaquil. Recién a los 18 años tuvo su primer contacto con un club profesional de fútbol: Independiente del Valle, en 2018.

¿A qué se dedicaba antes? Vivía en la calle todo el día. Le gustaba estar fuera de su casa jugando con sus amigos, pero nada de canchas grandes, solo fútbol rápido o indor, como se le dice en Ecuador.

Angulo tiene todo arreglado para volver al fútbol ecuatoriano después de seis años en el balompié mexicano. Reforzará a Delfín por un temporada; el club “cetáceo” tiene previsto presentarlo este lunes 22 de junio de 2020.

En México estaba sin actividad debido a que el Torneo de Ascenso fue cancelado por la pandemia del coronavirus. Por eso aceptó la propuesta de Delfín.

Angulo arrancó en Independiente del Valle en 2008, después pasó a Barcelona de Guayaquil, volvió a Independiente, deambuló en el FC Paços de Ferreira, de Portugal, donde jugó apenas 118 minutos en seis meses.

Volvió a Ecuador para marcar dos goles en 20 encuentros con la camiseta de Emelec.

Debido a faltas reiteradas a los entrenamientos fue enviado a la reserva por el DT Gustavo Quinteros y luego negociado a El Nacional.

Pero el cambio de club no mejoró la conducta del delantero y fue separado del plantel por “reiterada indisciplina”, según argumentó el club criollo en su momento.

Hasta que a mediados de 2014 plantó bandera en México: Alebrijes de Sinaloa, San Luis y Dorados. Con el “Gran Pez”, como le dicen a Dorados, ascendió a la máxima categoría en 2015.

Entre 2018 y 2019 fue dirigido nada más y nada menos que por Maradona. En su momento, el astro argentino elogió la velocidad de Angulo en el campo de juego. “Es una gacela imparable”, le dijo el día que Angulo le regaló tres goles a Diego en su debut como director técnico en Culiacán. En Dorados era el 10 del 10.

Rebelde y extravagante

Vinicio Angulo se arremanga el short para jugar. Para celebrar sus goles estira al máximo los pulgares y los meñiques para dibujar en el aire la “señal de shaka”, el saludo que popularizaron los surfers y adoptaron muchos jugadores de fútbol, entre ellos Neymar.

Todos los días Vinicio se coloca una capa de pomada negra en el cuero cabelludo. Su pelo no es pelo. Apenas tiene un penacho chiquito y todo lo demás es pintado, empastado. Es como si tuviera una pátina de plasticola en la cabeza. Por eso cuando llueve se entrena con una capucha puesta.

¿Quién es su ídolo en el fútbol? Ronaldo, pero el brasileño, el gordo, el centro delantero.

Sus brazos y sus piernas están llenas de tatuajes. Perdió la cuenta de cuántos tiene, pero en uno de ellos, ubicado en el brazo derecho se lee la leyenda “Vive la vida que de esta no hay otra”.

Y es eso precisamente lo que hace Vinicio. Por eso entendió que para continuar su carrera debía enderezar su vida.

“Es cierto, antes era muy rebelde. En cada club que iba tenía muchos problemas. Era muy loco. Y eso me generaba problemas en los equipos. Pero desde que llegué a México soy un jugador nuevo”, le dijo a EL TELÉGRAFO.
Aunque eso deberá demostrarlo en Delfín. (I) 

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