Hans Behr Martínez y las luces de una carrera laureada

14 de mayo de 2013 - 00:00

Cuando Hans Behr Martínez tenía 6 años de edad padecía de una rara enfermedad que le provocaba constantes vómitos y dolores abdominales. Por ello “cada vez y cuando” sus padres lo llevaban a la clínica Guayaquil para internarlo hasta que pasara el malestar. Nunca supo cuál era el nombre de aquella afección que le impedía empacharse de caramelos cuando festejaba su cumpleaños o asistía a cualquier fiesta.

Las visitas a la clínica se hacían más frecuentes y por ende Hans tenía muy pocas opciones para entretenerse. Él pertenece a la época en donde los sueros venían en grandes y pesados botellones de vidrio, por lo que el ‘cuentagotas’ se le hacía una eternidad.

Fue ahí en donde prácticamente da inicio a su carrera como escritor. Cuando sus abuelos y familiares lo visitaban le hacían un sinnúmero de regalos entre juguetes y libros. Después de divertirse con unos muñequitos decidía abrir los libros que le obsequiaban.

Atraído con las figuritas, los colores y más que todo por los relatos, el pequeño Hans ya empezaba a imaginarse un mundo mágico y de fantasía que -sin pensarlo- le traería grandes satisfacciones a lo largo de su vida.

A medida que iba creciendo, los vómitos fueron desapareciendo, pero su fascinación por las letras aumentaba. Cuando estudiaba en el colegio Cristóbal Colón, en el sur de Guayaquil, su curiosidad por las letras se hacía más fuerte cada vez que recibía clases de Lenguaje y Literatura. También era fanático de los cómics que sus padres le regalaban, sobre todo los que tenían como escenario el oeste.

Fue por eso que a los 15 años escribió su primera novela de corte  policial y se la mostró a su profesor de Literatura para que le haga las observaciones correspondientes. “Soñaba que esa historia llegaría a Hollywood porque estaba convencido de que era muy buena. Pero yo creo que el profesor Armijos nunca la leyó, puesto que no me hizo ningún comentario al respecto. Solo me decía que estaba bien”, señala Behr.

Sin embargo fue el mismo profesor que al poco tiempo le pidió que participara en un concurso de cuentos que se desarrollaba en el colegio Javier. Hans envió uno de sus escritos titulado ‘Tristes melodías’, que narra la historia de un músico drogadicto que pasa por una serie de situaciones desfavorables.

Nunca imaginó que él se llevaría el primer lugar de aquel concurso que le dio una pluma Parker como regalo y el respectivo diploma. Cuando estaba en sexto año también ganó algunos concursos de cuentos en varios colegios de la ciudad, especialmente los organizados por el colegio Guayaquil y el Dolores Sucre. También envió varios de sus cuentos al diario El Telégrafo, que en reiteradas ocasiones los publicó.

Fue poco después de esos premios que Hans cayó en cuenta que aquello pasaría de ser un ‘hobby’ a algo más serio. Pero primero tenía que formarse como escritor, comenzando a leer todo lo que caía en sus manos.

En esa época recién conoció a través de las letras a Demetrio Aguilera Malta, Julio Cortázar, Pablo Palacios, José de la Cuadra, Jorge Luis Borges, Roberto Bolaños, Gabriel García Márquez, entre otros. Tras graduarse como bachiller en Químico Biólogo -porque al principio soñaba con ser médico- siguió sus estudios de Tecnología de alimentos en la Espol.

Cuando cursaba el primer año de Universidad lanzó su primer libro de cuentos titulado ‘Ojos de piquero’, trabajo que fue seleccionado junto con otros dos relatos nacionales para formar parte del I Encuentro Hispanoamericano de jóvenes creadores, en España.

Este fue primer trabajo premiado en el exterior y el que le dio la oportunidad de conocer a los escritores Maritza Cino y Ernesto Torres, con quienes mantiene una amistad íntima que incluso llega al grado de leerse entre ellos los primeros borradores de sus producciones.

Luego publicó el libro de cuentos “Circo”, que obtuvo el Premio de la Secretaría Nacional de Comunicación. Además publicó la novela “Los senderos de Emaús” con el que ganó el Primer premio en el concurso nacional de novela que organizó la Casa de la Cultura.

Posterior a eso, Hans dejó de escribir a tiempo completo durante diez años para formar un hogar, trabajar en una grande empresa relacionada a lo farmacéutico porque sabía que no podía vivir solo de sus relatos y novelas.

Sin embargo, en esa década concibió algunos relatos y cuentos que fueron guardándose en su memoria y en las páginas de varias antologías latinoamericanas a los que fue invitado.  También editó la novela ‘Maratón’ la que se la dedicó a su esposa y con la que consiguió el Premio Aurelio Espinosa Pólit. Además con este texto tuvo un acercamiento con una reconocida editorial que no solo editó este libro, sino el siguiente titulado ‘Casita Casona Casuna’, de corte infantil. Ambas novelas ya van por su segunda edición.

También escribió la obra ‘Las luces de la felicidad’ con la que ganó la semana pasada el Concurso Nacional de Literatura ‘Dr. Ángel F. Rojas’, en el género de novela organizado por la Casa de la Cultura del Guayas. “Me llena de satisfacción porque quiere decir que lo que sigo escribiendo se hace atractivo para algunos sectores y eso me motiva a seguir”, precisa el escritor, quien pegó un grito de alegría cuando la presidenta de ese núcleo, Rosa Amelia Alvarado, lo llamó para comunicarle sobre el veredicto del jurado.

‘Las luces de la felicidad’ tiene muchas variantes como el hecho de que algunos de sus capítulos están dedicados a varias películas famosas de Hollywood.

Es una novela de fantasía y misterio policial que se desarrolla en Puerto Bolívar (El Oro) en donde el personaje principal de la obra debe buscar a un asesino serial, mientras el mundo se sumerge en el agujero oscuro. “Es una novela bastante interesante que mezcla misterio, fantasía y realidad. Es atractiva a cualquier público y creo que va a tener mucha aceptación en nuestra comunidad”.