En producciones de TV se exaltan los antivalores
A lo largo de la historia han existido personajes que han marcado etapas, no solo de un país sino también del mundo. Algunos aclamados y seguidos, otros rechazados por su accionar.
Sin importar en qué clasificación se los ubique no se puede negar lo que son, fenómenos sociales. Algunos por ser considerados revolucionarios como el “Che” Guevara y otros por sanguinarios como Pablo Escobar.
Estos personajes han pasado a la historia por sus acciones controvertidas. El primero tiene detractores y simpatizantes y el segundo, a pesar de ser un criminal, también tiene adeptos.
El sociólogo Homero Ramírez Chávez explica que la violencia siempre ha existido y normalmente es condenada por la sociedad dependiendo de lo que generó el acto.
Muchos apoyan el accionar de Ernesto Guevara, otros lo cuestionan.
Rafael Cuesta, quien recolecta firmas para el retiro de la estatua del “Che” Guevara en Guayaquil, dice que durante el proceso revolucionario murió mucha gente y aunque sea lamentable se justifica porque así como en las guerras, en las revoluciones muchas veces hay pérdida de vidas.
Sin embargo, según Cuesta, el “Che” violó los derechos humanos de muchas personas después de la revolución.
Detuvo a cientos de personas que no simpatizaban con los revolucionarios y se los llevaron prisioneros, algunos incluso fueron ejecutados”.
Cuesta propone que la ciudadanía conozca la historia, que se analicen los méritos y desméritos de ciertos personajes y “si hay un solo asesinato o violación a los derechos ya no merece ningún reconocimiento”.
A pesar de todos los atropellos e incluso crímenes, algunos de estos personajes tiene seguidores y fanáticos.
Para Cuesta esto ocurre por la falta de información. Ramírez, en cambio, le atribuye a la empatía que se genera con determinadas personas.
“Esto ocurre cuando se conoce al personaje o cuando este ayuda al resto. Algunos son considerados como el Robin Hood que les roba a los ricos para darle a los pobres. Muchas veces esos actos, de forma errónea, justifica la sociedad”.
Pero más allá del cariño que suelen tener a ciertos personajes, el cine y la televisión han posado sus ojos en sus vidas y hasta se percibe una exaltación a esta. Como sucedió con el narcotraficante Pablo Escobar.
Para Cuesta esto no debe influir en el comportamiento de las personas, para eso existe la educación.
“La educación es vital, cuando la gente se educa se da cuenta de que la libertad no se la consigue matando gente sino trabajando. (I)
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