OITNB, la serie que le dio forma al 'streaming'

- 27 de julio de 2019 - 00:00
Las mujeres en la cárcel de Litchfield forman alianzas según las edades, etnias, clase social y orientación sexual.
Foto: Netflix

No fue la primera producción en este formato, pero sí la que estableció las fórmulas que siguieron otras con éxito, empezando por la gente a la que representa.

Según datos de Netflix, 105 millones de usuarios han visto al menos un episodio de Orange is the New Black (OITNB), la serie que este viernes 26 de julio de 2019 estrenó su séptima y última temporada.

La serie cuenta la historia de Piper, que es recluida en Litchfield, una cárcel de mujeres ficticia en Nueva York. Dentro se encuentra con su exnovia Alex (Laura Prepon), culpable de que Piper terminara presa por sus vínculos con el narcotráfico.

Al principio pareciera que la historia se va a centrar en la relación de Piper y Alex, dos mujeres privilegiadas. Pero estos personajes resultan ser un “caballo de Troya”, como dice Jenji Kohan, creadora de la serie.

La intención de OITNB era romper con el estereotipo de los protagonistas de la era dorada de la televisión por cable, mayormente hombres y blancos.

Pero Litchfield concentra la diversidad. Hay grupos y subgrupos que se forman de manera orgánica en función de las etnias, las edades y la orientación sexual. “Por primera vez, mujeres que la sociedad había preferido ignorar estaban siendo representadas en la cultura pop como individuos”, señala la crítica de TV Judy Berman en su columna “OITNB es la serie de la década”.

Ese grupo de mujeres ignoradas incluye mujeres pobres, negras, morenas, trans, inmigrantes, ancianas o con enfermedades mentales, continúa Berman.

Inspirada en el libro homónimo que recoge las memorias en prisión de Piper Kerman, OITNB catapultó nombres como Laverne Cox, la actriz transgénero más famosa de Hollywood. Ella interpreta a Sophia Burset.

Cox apareció en portada en una edición de la revista Time que anunciaba el “punto de inflexión transgénero” en la televisión.
James Poniewozik, editor de crítica de TV de The New York Times, explica que fue OITNB la serie que mostró para qué sirve Netflix. O, de forma más amplia, el papel de las plataformas de streaming.

El hecho de que todos los episodios de cada temporada estuvieran disponibles cambió la forma en que se consume televisión y fue calando en otras producciones.

Fue el programa que demostró que las series de hoy no solo deben ser diversas, sino complejas. Y para eso es necesario que toda la historia esté disponible al mismo tiempo, opina el crítico, pues así es más fácil seguir las tramas, subtramas y las alianzas, desde las más naturales hasta las más extrañas, dentro de la cárcel.

A diferencia de las series que emiten un nuevo episodio cada semana, lo que obligaba a todo el mundo a estar conectado, “la gente no está viéndola al mismo tiempo”, dice Poniewozik.

Esto hace que la conversación sobre las series dependa de las redes sociales, que acababan de establecerse más o menos al mismo tiempo que se estrenó OITNB, en 2013.

Máquina de hacer estrellas

Aunque Laura Prepon (That 70’s Show) y Taylor Schilling (Atlas Shrugged) tenían una trayectoria previa, Orange is the New Black ha servido para que otras de sus actrices potencien su carrera en el cine y la televisión.

Natasha Lyonne, quien hace de Nicky Nichols, hasta hace poco era conocida mayormente por un rol secundario en American Pie (1999). Tras luchar por años contra la adicción a la heroína, ahora es protagonista de otra serie de Netflix, Russian Doll, escrita por ella misma.

Dascha Polanco interpreta a Dayanara Díaz, una latina que queda embarazada en la cárcel. En años recientes, ha tenido papeles en Joy, junto a Jennifer Lawrence, y en El asesinato de Gianni Versace, donde da vida a la detective Lori Wieder.

Danielle Brooks (Taystee), ha tenido papeles recurrentes en series como Girls o Master of None, mientras que Samira Wiley (Poussey Washington) hace de Moira en The Handmaid’s Tale. (I)

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