Lucho Mueckay, ‘preso’ entre el teatro y la gestión cultural (Video)

- 23 de julio de 2014 - 00:00

Menudo, de sonrisa constante y frases reflexivas y cómicas a la vez, Lucho Mueckay organiza su tiempo para promocionar la cultura ecuatoriana en diversas instituciones y países del mundo, y a la vez crear a través de los personajes sobre las tablas. Esta vez se hace presente en las fiestas julianas con ‘Norma Lixta’ y su monólogo ‘La Guayada’, una radiografía del comportamiento y características de los guayacos.

La célebre profesora tiene -dentro de este monólogo- un conflicto existencial causado por la convivencia en una ciudad que ya no comprende, por lo que decide marcharse. Antes de eso descifra -desde su visión y experiencia- los comportamientos de sus conciudadanos en la calle. Se remonta al pasado para descubrir el punto en el que Guayaquil dejó de ser una urbe amable para pasar a la vorágine de situaciones y comportamientos que la han convertido en una ciudad agresiva.

Para Mueckay, la comedia es lo más serio que ha atravesado por su existencia, una forma de vida que se refleja en el título de ‘Embajador de la Risa’, otorgado por el ex vicepresidente de la República Lenín Moreno. Su trabajo sobre las tablas además lo ha colocado como un referente de la cultura guayaquileña y ecuatoriana.

A propósito del monólogo, ¿cómo son los guayaquileños?

Los guayacos a veces no nos creemos la antena del universo, sino que lo somos. El objetivo de la obra -como todas- es dejar un mensaje después de reírnos de nosotros mismos.

¿Cuál es la reflexión con ‘La Guayada’?

Primero que no hay que reírse de las otras personas sino con ellas. El mensaje es que la ciudad es nuestro hogar, el barrio grande en el que todos tenemos una responsabilidad. Es esa sensación de pertenencia a una ciudad que hay que defender, cuidar y compartir.

‘Norma Lixta’ es un personaje con más de 18 años en las tablas; sin embargo, también existen otros que han mantenido su vigencia como ‘Manuco’ y ‘Fatalicio’. ¿Estos personajes han sido los más importantes?

Todos mis personajes creados para un específico proyecto teatral o dancístico han tenido su importancia, pero a menudo tienen presencia en lo que dura el proyecto. En el ámbito del humor que investigo y exploro han habido algunos otros personajes, pero Manuco, la profesora Norma Lixta o Fatalicio Vaca tienen particularidades con las que el público se identifica y los demanda. Son personajes prototipo que pueden ser colocados en varias temáticas o situaciones.

¿Cómo fue el proceso de creación y estructuración de cada uno?

Manuco, Norma o Fatalico surgen de un deseo de decir cosas en vivo y en directo con la complicidad pública que contiene el monólogo de humor teatral. Han nacido de verdades y dolores que con un sesgo cómico permiten reiterar las cosas que a veces otro tipo de género teatral las volvería más difícil de denunciar y compartir. Todos los personajes tienen su fuente de creación en la vida propia, en la de los demás, mezcla de realidades y ficción. Se enrumbaron en primera instancia en planteamientos técnicos teatrales, pero con el tiempo el proceso han roto de largo esa cuarta pared con la que siempre interactúan con el público.

Los monólogos han caracterizado su trayectoria, sin embargo también imparte clases de stand up comedy, ¿cuáles son las semejanzas o las diferencias?

La diferencia está en que los monólogos que yo hago tienen un personaje y una caracterización, el stand up es humor al desnudo, es hablar en primera persona. El reto es más grande aún, yo les digo a mis actores que un monólogo es la prueba de fuego.

Cuando se disponía a estudiar teatro en México, la danza le tomó por sorpresa. ¿Cómo se dio este acercamiento?

Cuando quise entrar a la carrera de actuación, me di cuenta de que la expresión corporal era básica como prueba de ingreso. Yo hasta ese momento había hecho teatro empírico. Temeroso, decidí que para no fallar en esa prueba debía tomar cursos que me aseguraran un poco la admisión. Yo ni siquiera sabía lo que era la danza contemporánea pero ya en el proceso de entrenamiento descubrí que el cuerpo podía hablar, aprendí a sintetizar con la danza, a utilizar la metáfora en la estructura de las propuestas y la combinaba con mucha teatralidad.

¿Cuál es el objetivo de la danza contemporánea? ¿Cuáles son los códigos corporales que utiliza?

Esa es una pregunta difícil de contestar. Yo mismo he pasado por etapas de la creación coreográfica que fueron evoluciones y rompimientos. Por tanto, la visión y la práctica se iban transformando dialécticamente, casi siempre con la variedad de la propuesta, el tema, el momento. Esa creo que es su principal característica: los códigos no existen sino que se van descubriendo con las miles de posibilidades que tiene el cuerpo, el espacio, los ejecutantes. Siempre es una danza de aquí y ahora.

¿Danza o teatro?

Danza, teatro, teatro-danza.

¿Qué elementos de la danza se pueden usar en el teatro y viceversa?

El movimiento es fundamental. También están el ritmo, la estructura, las técnicas de la improvisación, las alegorías. En la actualidad es muy frágil la franja que las diferencia.

¿Cómo mira las nuevas generaciones de actores y bailarines en el país?

En gerundio, a pesar de todo el tiempo transcurrido. La necesidad, en todo los sentidos, ha sido siempre una motivación para que se asuman las creaciones, las propuestas y las luchas. Lo importante es ser honesto.

Hace casi cuatro años se desempeña como Director de Promoción Cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores, ¿cuáles son sus funciones exactamente?

Ha sido hasta aquí parte de mi cuota patriótica. Son muchas y diversas las tareas de coordinación que se realizan con los ministerios e instituciones dentro y fuera del país. Colaboramos en el trabajo de promoción que ejecutan las misiones en el mundo para que se visibilicen los valores de un Ecuador pluricultural. Asistimos en los procesos de negociaciones bilaterales en materia cultural con otros países y con organismos como la Unesco. Ayudamos a fortalecer los procesos técnicos en la lucha contra el tráfico ilícito de nuestros bienes patrimoniales para su repatriación. Diseñamos proyectos que aterricen en una diplomacia cultural participativa e incluyente.

De repente, ¿este cargo le ha alejado de las tablas?

Algo, pero ha sido la oportunidad para una práctica de gestión cultural valiosa. Cuando acepté el puesto fue con la condición de que siempre retornaría a las tablas. El canciller Patiño, a quien conocí como un sencillo espectador de nuestra sala de teatro, supo siempre que yo esencialmente era un hombre de escenario, me pidió hacerme cargo de la Dirección basándome en mi experiencia como gestor y promotor de muchos años en mi ciudad, con el fin de reforzar el sentido de la interculturalidad en su administración. Sin embargo, sí extraño una mayor continuación en el Centro Cultural para los nuevos montajes y la enseñanza artística que demandan tiempo también.

A partir de esta función realiza viajes constantemente por varios países del mundo, ¿cómo es visto el quehacer cultural ecuatoriano?

Ecuador está presente ahora, más que antes, en festivales, encuentros, foros, ferias internacionales de libros; sus artistas, en gran medida, son reconocidos y valorados; se ha logrado repatriar miles de bienes culturales recuperados; hemos alcanzado en poco tiempo colocar, entre otros valores, el tejido de la paja toquilla y el Sistema Vial Andino como patrimonios de la humanidad. Por otro lado, en los países donde existen pequeños o grandes grupos de ecuatorianos residentes, son reconocidos no solo por su trabajo sino también por el aporte de la práctica cultural que realizan.

Es claro que el proceso cultural de cada país es único, sin embargo bien se podría tener algún referente en cuanto al manejo de la cultura desde lo público. ¿Usted tiene alguno?

Las políticas públicas culturales son básicas para evolucionar hacia una diplomacia cultural internacional. La percepción es que siempre se la hacía -con algunas buenas excepciones- de manera aleatoria, de acuerdo con el simple parecer, al poco o mucho entusiasmo o conocimiento de los funcionarios. Eso está cambiando, inclusive con la preparación de nuevos diplomáticos interculturales que provienen de muchos de nuestros pueblos y nacionalidades. Pero hay que insistir en el fortalecimiento de una promoción cultural con planes y estrategias mayores, donde se aprovechen al máximo los recursos estatales y la riqueza cultural.

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