La eliminación de algunos impuestos permite la organización más frecuente de megaconciertos

01 de enero de 2015 - 09:41
Paul McCartney tocó 40 canciones el 28 de abril pasado en la Casa Blanca, de Quito. Foto: Santiago Aguirre / El Telégrafo

Que Paul McCartney tocara en Ecuador era algo impensable hace unos 20 años. De hecho, en 1995 había sido un logro que la banda estadounidense Bon Jovi ofreciera un concierto en Quito. Y desde entonces la visita de artistas de habla inglesa, la mayoría leyendas, ha ganado frecuencia. Mucho más en el último lustro con los espectáculos de los controversiales Miley Cyrus y Justin Bieber, más Backstreet Boys, Deep Purple, Roger Hodgson, Alan Parsons Project, y más.

El 28 de abril pasado, McCartney tocó 40 canciones durante casi tres horas en el estadio Casa Blanca, del club Liga de Quito, ante unas 37 mil personas que pagaron precios que iban desde los $ 80 por la localidad de general hasta los $ 550 para red carpet central, que tuvo sillas numeradas.

Con esos precios establecidos, se estima que solamente en la localidad de red carpet central se recaudó casi dos millones de dólares.

Por su trayectoria e historia, ‘Macca’ convocó a familias enteras de distintas generaciones, como la de Antonio Betancourt, un setentón fan, quien gastó $ 1.400 por su entrada y la de 12 familiares, entre los 12 y 41 años. La expectativa era tal, que un día antes del show hubo bandas que recibieron al multiinstrumentista británico con un concierto sobre el tejado (al estilo del famoso ‘rooftop’ que ofreció The Beatles en 1969. El espectáculo de los grupos Strawberry Fields y The Macca Band, formado por fans, fue frente al hotel Marriott donde se hospedó McCartney, quien saludó desde la ventana a sus seguidores ecuatorianos.

Según Betancourt, la actual economía ecuatoriana es aceptable. De hecho, se mostró sorprendido de que las entradas más caras (las que fluctuaron entre $ 225 y $ 550 fueron las que más rápido se agotaron), ya sea por compra en efectivo o con tarjeta de crédito.

Por esta última vía hubo una preventa hasta el 25 de marzo. Además, hubo otro recurso, a través de los usuarios registrados en www.paulmccartney.com que es el sitio del artista.

Andrés Valencia, de Prosonido, la empresa que gestionó la visita de McCartney, opina que el recorte de algunos impuestos ha sido clave para la realización del concierto del exbeatle y de otros famosos, como el también británico Elton John o el grupo Metallica.

“Los empresarios coincidimos en que es un acierto eliminar algunos pagos innecesarios. Este tipo de inversión (traer artistas) es riesgoso, no todos ganan. Antes nos tocaba trabajar para pagar impuestos. Si ganábamos o perdíamos, igual teníamos que cancelar esos haberes. Antes pagábamos 5% para la Sociedad de Autores y Compositores, un 22% para el SRI (Servicio de Rentas Internas sobre el convenio del artista;10%al Municipio, 3% de Impuesto a la Renta, y otro rubro para el Consejo Nacional de Sustancias Psicotrópicas. De todos esos rubros, solo siguen los tres primeros, al menos en Quito”, explica Valencia.
Añade que organizar megaconciertos en Ecuador significa inversiones millonarias.

José Rehpani, representante de Team Producciones, una de las empresas que más artistas ha traído en el último lustro, coincide con este criterio.

Revela que la presencia de Metallica en Ecuador costó aproximadamente $ 4 millones y que concretar su visita al país tomó casi medio año de negociaciones.

Los fanáticos, que el 18 de marzo pasado acudieron al Parque Bicentenario para ver a la banda más famosa del género thrash metal, debieron cancelar valores de $ 225 por la localidad de box, la más costosa; $ 135 por VIP;$ 66, preferencia;y $ 60, general.

Cifras semejantes son las que se manejaron con los espectáculos de Elton John o Big Time Rush, quienes se presentaron en el primer trimestre del año.

Elton John actuó el pasado 15 de febrero en el Arena San Francisco, de Quito, ante unas 7 mil personas que pagaron boletos de $ 440 para la localidad blue (la más cara);$ 280, double black;$ 165, black;$ 150 black discounted.

Valencia sostiene que la organización de megaconciertos genera empleos temporales. Prosonido, la empresa a la que pertenece y que estuvo al frente del concierto de McCartney, requirió 1.200 personas para cinco días. Muchos empleados laboraron en el montaje de la escenografía, que tuvo 60 metros de ancho por 20 de fondo y 24 de alto, más dos pantallas tipo LED.

Otros se unieron al equipo técnico que instaló las luces, mientras que más personas ofrecieron servicios de catering (alimentación), transporte, hotel y logística. “Todo eso refleja que ahora existe una creciente industria del espectáculo. Incluso promueve el turismo. Para ver a McCartney hubo fanáticos de varias ciudades nacionales, especialmente de Guayaquil y otros que vinieron desde Colombia, Perú y otros países cercanos”, indica Valencia.

En febrero de este año también se presentaron en Quito, los estadounidenses Big Time Rush, considerados como la competencia norteamericana de los británicos One Direction;los ‘thrasheros’ Megadeth, quienes volvieron al país luego de cuatro años, ahora tocaron en el Ágora de la Casa de la Cultura, en Quito;el británico Sting tocó en el parque Bicentenario, el 3 de diciembre pasado, que tuvo entrada libre (con pase).

La estadounidense Demi Lovato cantó a finales de mayo pasado en el Palacio de Cristal, de Guayaquil, mientras que el estadio Christian Benítez, en el Parque Samanes, acogió en noviembre pasado al francés David Guetta, considerado como el DJ más mediático.

Artistas latinos, como el argentino Fito Páez, los rockeros mexicanos Alejandra Guzmán, Molotov y Café Tacvba, el merenguero dominicano Juan Luis Guerra, el salsero neoyorquino Marc Anthony y otros ofrecieron conciertos durante el año. A eso se suma el QuitoFest, que este año, en su décima edición, se extendió a Cuenca, en noviembre pasado.

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