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El apego a los perros tiene sus riesgos

15 de noviembre de 2015 00:00

El vínculo entre el perro y las personas no ha cambiado mucho, salvo que hoy la mascota preferida de los humanos es una especie de “hijo adoptivo”.

Según César Millán, experto mundial en conducta de perros, este animal se ha integrado tanto a la vida de los seres humanos que parte de su conducta se ha tratado de “humanizar”, creándose una dependencia entre ambos.

Según Millán, la dependencia absoluta que tiene el perro de su amo ha contribuido a que aquel aprenda cada vez más a estrechar la relación con este, según lo revela un artículo publicado en la revista digital Suite101.net. En ocasiones, la amistad se ha hecho indisoluble, al punto que a veces se recurre al perro como refugio ante una crisis emocional, la tristeza y la soledad.

Frente a ello, los terapeutas creen que los conflictos humanos deben ser resueltos enfrentando a las personas, y es un error recurrir a las mascotas para darnos una falsa sensación de seguridad.

En el caso de los animales, tampoco es recomendable generar en ellos una dependencia desmedida. Hay que recordar que el perro, al igual que el ser humano, es un animal de manada.

En la mayoría de razas la forma ha cambiado mucho respecto a la del lobo, pero su psicología es prácticamente la misma que la de su antecesor.

En el caso del perro doméstico, los dueños son su manada.

El animal es incapaz de entender que su manada le aísle. Se entiende por aislamiento el hecho no solo de que los dueños salgan de casa sino, por ejemplo, el tenerle apartado en el jardín o en alguna habitación, lo cual supone un cruel castigo para el animal.

Por lo general, el perro siente cada salida diaria de su amo como un abandono.

Si el animal sufrió en el pasado alguna experiencia de abandono, en el momento en que su dueño sale por la puerta revive, literalmente, la sensación de pérdida que formó parte de su trauma.

Este fenómeno sucede porque los perros tienen memoria asociativa. Según la página web En Buenas Manos, esto significa que no pueden recordar un hecho pasado (su memoria inmediata se reduce a unos 3 segundos), a no ser que se produzca alguna situación en el presente que el animal asocie al hecho pasado, momento en el que lo recordará.

Hasta en los casos leves de ansiedad por separación, el animal no come, bebe ni juega estando solo, ya que uno de los primeros síntomas de cualquier dependencia es la pérdida de interés por todo lo que no sea el objeto de adicción, ya que la dependencia tiene mucho de obsesión.

Además de la tristeza que esta obsesión le provoca, el animal siente ansiedad y miedo a la soledad y al hecho de no saber qué pasará. Esa angustia, sobre todo si va acompañada de nervios, es la que causa que el perro se desahogue destrozando objeto o ladrando, porque los ladridos le calman.

Hay casos en los cuales el animal también siente ansiedad y miedo a la soledad y al abandono.
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