Elecciones 2021: el voto por cualquiera

La demagogia es vergonzosa; cerca del 50% aún no ha decidido su voto.
08 de enero de 2021 00:06

“Cualquiera” parecería ser el candidato mejor opcionado para triunfar en las elecciones del 7 de febrero próximo.

Bajo el presupuesto de que los electores votan por postulantes que prometen solucionarle sus problemas, entenderíamos que las necesidades de la gente, se alinean con la oferta electoral que mejor les calza, pero “la gente” no es un conglomerado homogéneo, por el contrario, cada individuo tiene formas de entenderse con su propia realidad según sus particulares percepciones, juicios, prejuicios, educación, ideología y decisiones, conectadas en conjunto a través de una intrincada emocionalidad.

El proceso electoral básico supone una investigación profesional para identificar los hábitos políticos relevantes que subyacen en las conductas electorales de los ciudadanos, los patrones que forman tendencias colectivas, y para encontrar los por qués de dichas variantes; esa data entrega a los expertos que diseñarán la estrategia y a los comunicadores que posicionarán al candidato a su propuesta y a su partido o movimiento.

Suena sencillo, pero en los hechos, no lo es. Una campaña exitosa requiere estructura, dinero, y de buenos perfiles. Además, los mismos candidatos y sus equipos de confianza son personas permeadas por la complejidad anotada; lo que suele distorsionar de inicio una planificación estratégica eficaz y hacer de un camino seguro un campo minado.

Las elecciones del 2021 se producen en medio de los cambios desconcertantes y vertiginosos en la sociedad, la vigencia de la decadencia y el voto en contra, al parecer marcarán el juego electoral que ya está en curso, dentro del cual el centro político es un espacio vacío.

Por un lado, dieciséis binomios presidenciales y 137 aspirantes principales a ocupar el legislativo, abren un abanico incómodo para la decisión razonada de la enorme mayoría de electores. La demagogia es vergonzosa; cerca del 50% aún no ha decidido su voto, los sondeos claramente señalan el mayoritario rechazo y desconfianza ciudadanas sobre la política y los políticos en general: en promedio, por cada persona a favor de uno de los tres candidatos más opcionados según ciertas encuestadoras, hay al menos tres ecuatorianos que manifiestan su total rechazo hacia cualquiera de ellos.

Este contexto es preocupante, pues compone un cóctel explosivo que incluye la sospecha creciente en la falta de transparencia de las elecciones, la crisis económica y la pandemia que gatillaron el desempleo, la ira, y el miedo de 600 mil familias que dejaron de formar parte de la “clase media” para sumarse a los cientos de miles que ya se encontraban en la pobreza o en la pobreza extrema.

Erráticas campañas, maromas dignas de la peor payasería política exhibidas en redes sociales, prontuariados en las listas, no son buen augurio para un país que debe fortalecerse en democracia.

El riesgo de perder la última oportunidad para salir adelante, exige no dar el voto por cualquiera, ni por el mal menor; o en todo caso, dárselo a cualquiera que reúna experiencia, serenidad, ética y sensatez, en medio de semejante desencanto.

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