El poder está en la próxima Asamblea

La próxima Asamblea tiene un reto fundamental: recuperar la confianza de los ecuatorianos.
07 de febrero de 2021 17:40

De entre 4.312 candidatos se escogerán en estas Elecciones Generales a 137 perfiles para ocupar las curules disponibles de la próxima Asamblea Nacional. 

Dialogamos con Andrés Jaramillo, analista político, consultor de estrategias para redes sociales y docente universitario, sobre su apreciación de cómo será la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo en los próximos cuatro años. 

Los últimos años han estado marcados por un claro distanciamiento entre el Legislativo y el Ejecutivo y en democracia, esto dificulta mucho el hacer país.  Si en el proceso electoral hubo confrontación entre los diferentes partidos y movimientos, ¿cuál es el futuro que le espera al Ecuador en relación al trabajo de estos dos poderes del Estado?

El actual Gobierno arrancó con un vínculo bastante fuerte entre estos dos poderes, sin embargo, en el camino cuando hubo esta división entre quienes apoyaban a Lenin Moreno y quienes apoyaban a Rafael Correa se fragmentaron las fuerzas en el legislativo.  En el próximo período lo que se ve es que ninguna fuerza política tendrá la cantidad  de curules suficientes para poder aprobar leyes por sí mismo como ocurría en periodos pasados.  Para aprobar leyes se necesitan de 71 curules pero vemos que hasta ahora según la tendencia de las últimas encuestas, la fuerza principal no podría ni llegar a los cuarenta votos propios.  Eso hará que los legisladores se vean obligados a lograr consensos, ahora, para lograr consensos se necesita madurez política, voluntad, asambleístas preparados; y, en el escenario próximo no hay mucha esperanza de tener eso, más bien, de que la Asamblea pueda convertirse en un corta pisos, una piedra de tope del gobierno, sobre todo si no es de la misma línea.  Puede ser que un partido político o una tendencia gane la Presidencia pero no la Asamblea Nacional y desde ahí se va a generar un ambiente de bastante inestabilidad e ingobernabilidad, para lo cual el Presidente tendrá que ser muy hábil para poder sortear este bloqueo y este candado legislativo que pueda tener. 

La papeleta que acaban de marcar los electores tiene una amplia variedad de rostros y posturas, ¿cómo será a su criterio la próxima Asamblea?

Es importante tomar en cuenta qué va a pasar con las fuerzas pequeñas. De alguna manera el nuevo método que se aprobó para las elecciones de los asambleístas provinciales da prioridad o permite que muchos partidos de minoría entren, que son partidos que no tendrán un paraguas presidencial, pero en medida que estos grupos entiendan la urgencia de tener una Asamblea Nacional que realmente sea pragmática,  podríamos pensar en un escenario que sea beneficioso.  Sin embargo, si caemos en las viejas prácticas de te doy mi voto a cambio de poder político o económico, lo que terminaremos viendo es algo muy parecido a lo de los últimos años: una asamblea atomizada, con muchas fuerzas políticas en juego, en donde el debate esta prácticamente paralizado y en donde hay poca o nula fiscalización y control político.  En una Asamblea tan segmentada es muy probable que incluso se alargue la decisión de conformar las mesas legislativas y eso retrase el inicio de su trabajo formal. 

Se habla mucho de la posibilidad de una bicameralidad ¿esta es una alternativa que conviene al país? ¿No debió pensarse en esto antes de escoger a los personajes que integrarán la próxima Asamblea Nacional?

No se trata tanto de la forma que tenga la Asamblea, tiene que ver con el fondo, con la calidad de los representantes.  No se trata tanto del número, sino que tengamos personas que por un lado representen a las diferentes tendencias, que estén preparadas para legislar o fiscalizar, y que además, tengan esa vocación de servicio y no vean a la legislatura como un negocio personal o como un trampolín para avanzar políticamente.  Independientemente del formato, nada cambiará o muy poco cambiará, si es que efectivamente no son los mejores ecuatorianos y ecuatorianas quienes asuman esos roles. 

El Ecuador ha tenido múltiples Constituciones, la más reciente y vigente, la de Montecristi.  A su criterio ¿ésta requiere de reformas de fondo, de forma, o quizás solo se debe trabajar en la actualización de determinados cuerpos legales?

Precisamente, ese el trabajo de la Asamblea Nacional.  En su función de legislar debe identificar en función de la coyuntura, de las necesidades de la población, después de un análisis técnico, cómo ir perfeccionando las leyes que ya se tienen porque no podemos hacer un reseteo cada cierto tiempo.  Lo que hemos visto es que las constituciones y todos estos procesos constituyentes han sido un pretexto para impulsar a un determinado grupo y sacar a otro; es decir, para mantener el monopolio y tener un discurso político que les permita posicionarse con la gente.  Sin embargo, no se han visto cambios de fondo en la legislación porque la gente sigue sintiendo que la legislación es lejana, que no influye en su vida, que las leyes que se hacen no sirven para nada.  En la medida en que las leyes sean útiles para la población, yo creo que la Asamblea como tal va a empezar a redireccionar la percepción negativa que se tiene de su trabajo.  Nunca en la historia del retorno a la democracia una asamblea ha tenido un porcentaje tan bajo de aceptación, así que la próxima tiene un reto fundamental; primero, para recuperar la confianza de los ecuatorianos, y para ello se necesita de un trabajo técnico y comprometido.  Veamos si es que efectivamente la nueva tendrá la madurez política y la preparación para hacerlo. 

 

 

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