¿Y la ética en la labor del asambleísta que se dice ‘anticorrupción’?
Para algunos políticos parece que todavía cala hondo la imagen de un exdiputado socialcristiano y posterior Presidente de la República con unas muñecas de trapo en la mano. Si la lucha contra la corrupción es una plataforma proselitista y no una tarea ética, cívica y políticamente responsable, entramos en esos terrenos fangosos porque todo se confunde y el país entero es el que pierde.
Mucho más cuando la tarea fiscalizadora exige absoluta nitidez, coherencia y rigor jurídico. Ya tenemos una larga historia de legisladores con ansias de protagonismo al costo que sea, pero ya sabemos dónde los colocó la historia.
De ahí que cierto asambleísta que lanza acusaciones, grita en los micrófonos y pantallas y entabla demandas a diestra y siniestra no contribuye a prestigiar la verdadera y enconada lucha contra la corrupción, que no es ni está para ser tarima ni tribuna de nadie. Esa lucha, bien argumentada, coadyuva a una salud ciudadana en su comportamiento general sin esperar nada a cambio.
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