Una sesión solemne no es una rendición de cuentas ni espectáculo
La ‘sesión solemne’ por el aniversario de la fundación de Quito fue una falta de respeto para con la ciudad, las autoridades invitadas y la misma institución. A ningún alcalde de Ecuador se le ha visto hacer de ese acto un espectáculo. A ninguno. Por más diferencias políticas o ideológicas que tengan con el Gobierno de turno. Una sesión de ese nivel cuenta con un protocolo y unas formalidades para homenajear a la capital y a sus habitantes. No se trata de una rendición de cuentas, mucho menos la ocasión para lucir las dotes personales de orador o maestro de ceremonias de nadie. La ciudad, capital y sede del Estado, debe y merece una sesión solemne donde, sin exagerar ni tergiversar la realidad, se rinda homenaje, pero sobre todo se haga gala de lo mejor del pensamiento de sus autoridades para saber por dónde vamos y qué tipo de urbe soñamos. Y asimismo, si se pide respeto a los políticos y candidatos, no estaría mal que no se los convoque en las fiestas, por ejemplo, para presidir la competencia de coches de madera. Por todo ello, lo ocurrido el 6 de diciembre deja un mal sabor para una ciudad respetable. (O)
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