Un puente para aliviar el tráfico vehicular de Guayaquil
El nuevo puente que conectará Guayaquil con Samborondón ya tiene forma; de hecho el alcalde Jaime Nebot cruzó por él la semana pasada durante una inspección a la obra.
Si todo sigue así el viaducto será inaugurado el próximo año. La conexión es vital porque el puente de la Unidad Nacional se ha convertido en un cuello de botella.
En horas pico cruzarlo y dirigirse a la Puntilla es una odisea. El nuevo puente solucionará en parte esto porque dará una alternativa a quienes todos los días viajan de Samborondón, donde están sus hogares, a Guayaquil, donde se encuentran sus empleos.
Pero si se piensa a largo plazo, el nuevo puente parece un paliativo; sobre todo por el problema crónico que enfrenta la ciudad: su falta de planificación.
A diferencia de otras urbes, Guayaquil crece de manera horizontal; sus edificios son pocos. Por eso los planes habitacionales están cada vez más alejados de los centros financieros y comerciales que concentran las plazas de trabajo. Si los ciudadanos quieren mejorar su calidad de vida (dejar de perder dos horas diarias en viajes tortuosos por el congestionamiento vehicular), las autoridades locales tienen que pensar en el futuro: ¿Hacia dónde crecerá Guayaquil? (O)
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