Un Premio Nobel de la Paz para Colombia y para sellar el proceso
Al contrario de lo que se pensó, dado el resultado del plebiscito del domingo pasado, Juan Manuel Santos, como presidente de Colombia, recibió ayer el Premio Nobel de la Paz. Y si con eso se puede estimular la pacificación en el país vecino, bienvenido sea. Al fin de cuentas un símbolo de esta naturaleza solo evidencia un reconocimiento a nivel mundial a un pueblo afectado por la violencia guerrerista con millones de víctimas e incalculables costos materiales y económicos.
Claro que es una noticia que da mucha esperanza, aplaca algunas dudas y temores, amplía el debate y también cierra el paso a esos afanes de determinados grupos que quieren no solo sepultar el proceso sino abrir un nuevo escenario de violencia, venganza y un sometimiento inexplicable a los alzados en armas.
En Ecuador hubo voces muy insolentes que dijeron que el No del pasado domingo fue en contra, por ejemplo, del Socialismo del Siglo XXI. ¿Qué dirán ahora del Premio Nobel? ¿Lo imaginan como un acto desquiciado del Comité noruego? No está por demás pedir sensatez y un poco de cordura. (O)
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