Maduro invoca a militares para controlar el poder
El presidente Nicolás Maduro ya no llama al pueblo venezolano para que lo defienda, ignora a la comunidad internacional que mayoritariamente lo rechaza, no convoca ni a los estudiantes ni a los obreros, recurre al poder que todavía, en pleno siglo XXI, tienen los militares con sus fusiles y con sus tanques.
Triste desenlace para un político despreciado por su pueblo, por ese pueblo que no ha tenido posibilidades de emigrar y también por los cuatro millones que salieron de lo que antes fue una potencia económica, no solo por ser uno de los mayores productores de petróleo, sino por el turismo y por su industria.
Esa expotencia está destrozada, nadie se atreve a señalar cuál es la realidad en dos rubros básicos como la inflación y la devaluación de su moneda. Está quebrada, sus instituciones no tienen poder, la economía es un caos, y hasta la luz y el agua son escasos; es el resultado de la peor administración política de ese país que se forjó como república, gracias a la lucha perseverante y libertaria de Simón Bolívar.
El escenario actual es complicado, la salida a la crisis no se ve ni por las vías del diálogo interno, tampoco por las acciones de la diplomacia mundial, que ha demorado demasiado para condenar las violaciones a los derechos humanos. Los venezolanos siguen saliendo de su país y por nuestra frontera ingresan diariamente entre 2.000 y 2.500 ciudadanos. La diáspora no se detiene y efectivos de las Fuerzas Armadas esporádicamente se insubordinan para apoyar una transición y respaldar a Juan Guaidó, que surgió como una opción por el mandato político de una Asamblea legislativa que Maduro desconoce.
Venezuela repite lo que ocurría en Centroamérica y en el Cono Sur entre los años sesenta y ochenta del siglo XX. El poder salía de las bayonetas, de los militares, del fuego de las armas por sobre la razón de los ciudadanos. Maduro se niega a reconocer que el problema es él, se desentiende de sus compatriotas que han abandonado el país, pero convoca a los militares, se toma fotos con ellos y es lo único que le queda para mantenerse en el poder. (O)
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