La paz para Colombia adquiere un estatuto y un compromiso firme
La Habana vivió el miércoles pasado un momento histórico, como tantos otros ocurridos en esa hermosa ciudad. El presidente Juan Manuel Santos y el comandante guerrillero Rodrigo Londoño estrecharon sus manos y firmaron un compromiso político poderoso, de honda trascendencia histórica y una ruta para la firma de la paz en Colombia. El testigo de honor fue Raúl Castro. Y si todo va como está planeado, en marzo del próximo año se iniciará el fin de la violencia política y militar que lleva más de 60 años. El acuerdo alcanzado no solo derrota a la corriente militarista de nuestro país vecino, sino que pone por delante nuestra vocación pacífica como latinoamericanos. Y, por supuesto, abre un futuro de expectativa para las nuevas generaciones. Colombia está obligada a desarrollar un proceso de paz con justicia para todos y será seguramente la tarea más difícil para todos los actores de la guerra. Ahora sabremos hasta dónde este proceso puede favorecer a sus vecinos, que lo aplauden y lo sienten como suyo. La paz en Colombia ayuda a resolver otros problemas en las fronteras con Ecuador y Venezuela. (O)
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