La OEA de Luis Almagro pierde la poca autoridad ganada
La semana que termina quedará como una de las más lamentables para América y, sobre todo, para el rol de la Organización de Estados Americanos (OEA) bajo la dirección de Luis Almagro. No solo por esa misiva cargada de adjetivos y exabruptos enviada al presidente Nicolás Maduro. No solo por el llamado al Consejo Permanente con el afán de satisfacer a la oposición venezolana. No solo por el encuentro sostenido con la oposición política de Ecuador, que envía un pésimo y muy pernicioso mensaje a la comunidad política de la región. Y no solo porque en su protagonismo político ha perdido toda cordura diplomática. Lo de esta semana grafica de mejor manera la poca autoridad de la OEA y de su actual secretario general. Y al mismo tiempo revela cómo se comporta el aparato mediático conservador del continente al darle todo el espacio a Almagro y reducir al mínimo la encomiable labor de la Unasur en el conflicto político de Venezuela.
Si hay problemas en Venezuela serán sus ciudadanos los únicos llamados a resolverlos; y si ellos piden ayuda, que sea para solucionarlos, no para invocar intromisiones o (como dicen unos políticos de por acá) intervenciones de nuevo tipo. La OEA no está para procesar los eflujos políticos de su secretario general, sino para atender con un alto espíritu pacífico, democrática y prudentemente, las demandas de cada uno de los Estados. (O)
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