La izquierda de América Latina se instala en otros retos
El balance general es positivo, pero muy crítico. No porque los movimientos partidos de izquierda, en su mayoría, estén al frente de gobiernos de nuestra región. Al contrario, porque su trabajo y sus metas básicas se cumplen, sin dejar de lado que falta mucho y que el peso de 500 años de coloniaje no se puede acabar en un decenio.
Los líderes de todas las organizaciones que participaron en el II Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP) han hecho una evaluación sin caer en dogmas y triunfalismos. Hay una conciencia generalizada de que todos los avances son positivos y constituyen un hito en la historia de la región, aunque también hay una severa necesidad de ser más críticos, mucho más intensos y sobre todo muy coherentes con el discurso de transformación en beneficio de los más pobres, de trabajar con las organizaciones de base y para romper la correlación de fuerzas en el continente.
Las revoluciones impulsadas atraviesan por una etapa de análisis y evaluación. Gobernar y estar en la oposición son tareas políticas de una alta dosis de responsabilidad y por ahora se cumplen con un espíritu crítico. (O)
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