Entre Castro y Obama solo queda por sacar a la 'gusanera' indolente
Las relaciones entre Cuba y EE.UU. están en su mejor nivel. Con el anuncio de la visita de Barack Obama a La Habana, para el próximo 21 de marzo, se reafirma la voluntad de acabar un diferendo causado por una actitud intervencionista de una política reaccionaria que sobrevivió a la Guerra Fría. Y no constituye una dádiva estadounidense ni una prerrogativa para decir lo que se tiene que hacer en la isla mayor del Caribe. Si Obama visita Cuba no puede ir a decir lo que deben hacer sus gobernantes, porque jamás a Raúl Castro se le ocurriría un despropósito diplomático de esa envergadura. Las relaciones entre dos países buscan la hermandad, la colaboración y el mayor respeto para cada uno de ellos. Y mucho más si EE.UU., con el bloqueo y las amenazas militares por más de cinco décadas, ha sido en buena medida el responsable de las dificultades de la población cubana. Que la visita de Obama sea para reafirmar el respeto entre los dos países. De hecho, hacerlo es un gesto que apunta hacia eso. Pero también debería apartar a la llamada ‘gusanera’, culpable de impedir relaciones plenas y sanas. (O)
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