El alfarismo radical a la luz de las nuevas demandas políticas
No hay un solo ecuatoriano que deje de reconocer la impronta histórica que ha dejado en nuestra nación el alfarismo. Hace 121 años esa revolución liderada por Eloy Alfaro transformó las estructuras de Ecuador: forjó un Estado laico para dejar atrás el régimen hacendatario y clerical. Y por eso el ‘Viejo Luchador’ fue asesinado, sin ninguna duda. Nunca le perdonaron afectar los intereses de los grandes y poderosos terratenientes, la plutocracia y el incipiente poder financiero del país. De ahí que, a la luz del presente, no solo es válido recordar cómo se desarrollan los procesos políticos cuando no ocurren bajo el dominio de esos grupos. Y a la vez vale entender que si la herencia alfarista debe continuar no será precisamente para favorecer la exclusión y la desigualdad. Por tanto, si la Revolución Liberal Radical debe continuar como un ejemplo y una heredad legítima, será siempre para traer a nuestros días su espíritu más profundo: transformar las estructuras de injusticia, hacerlo con el pueblo y para el pueblo, sostener una soberanía integral para que no sean los poderes fácticos locales e internacionales los que determinen nuestro devenir. (O)
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