Chicha todavía no encuentra a su nieta después de 39 años
Tras constatar la existencia de estudios del Banco Nacional de Datos Genéticos en los que se descarta la existencia de un vínculo filial con la joven que el jueves pasado llegó a la casa de Chicha Mariani con un informe de un laboratorio privado de Córdoba en sus manos se descartó que fuera la nieta de ella (de María Isabel Chicha Chorobik de Mariani), de la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo.
La noticia, de todos modos, avivó la esperanza de recuperar a una persona más de esa larga lista de menores de edad secuestrados de sus padres, apropiados por la dictadura, como el caso de la nieta de Chicha Mariani, cuando tenía apenas tres meses de vida después de que un grupo militar asesinara a su madre.
Más allá de lo simbólico de un acontecimiento de esta naturaleza, cada nieto encontrado debe triturar la conciencia de los autores de esos delitos de lesa humanidad. No solo hubo 30 mil desaparecidos, sino que haber secuestrado a los hijos de ellos revela esa condición perversa de quienes pensaron que así podían acallar y parar la lucha de los revolucionarios argentinos.
Ahora que vuelven esas corrientes conservadoras por ese país, ojalá no se les ocurra (como lo expresó un diario ‘libre e independiente’ en su editorial y la plana de periodistas lo rechazó con mucha dignidad) cerrar la investigación de todos los delitos de lesa humanidad. Cada nieto encontrado es un triunfo de hondo amor de unas abuelas que no se amilanaron jamás ante el terrorismo de Estado. (O)
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