Violencia nuestra de cada día

- 13 de agosto de 2018 - 00:00

Los hechos violentos en la sociedad que habitamos son diarios. Lo cotidiano es el acoso, las golpizas, la violación, la delincuencia, los asesinatos infames. Preguntémonos ¿cuánto vale el prójimo hoy? a ver si eso nos ayuda a evitar degradarlo tanto.

Es posible que para entender la violencia tengamos que volver a la Etología, ciencia que estudia el comportamiento de los animales en un medio ambiente determinado y desde ahí, que en lo animal hay mucho de lo humano.

La cuestión es el territorio y la violencia que estaría vinculada a ello incluyendo la dinámica dominante-dominado. Hemos de observar que los animales territoriales marcan su espacio. Entre estos mismos se piden consentimientos y asumen posturas de dominación y sumisión. Se inicia un conflicto si otra especie o uno de la misma invade el territorio, o se rebela ante el dominante.

Para los humanos el territorio es simbólico: nuestro cuerpo, pertenencias, casa, la vida, la nación, el Facebook, etc. Pero en el hombre aparece como en el animal este fenómeno de querer marcar territorio, que consiste en estar por encima de los demás. De mil ejemplos, citemos uno sencillo para explicarlo: en el bus se desplazan unos a otros, se empujan, vulneran los 50 centímetros del espacio personal y sin que lo sepamos, eso ya es una agresión.

Hay límites que indican qué es lo nuestro y qué no. La violencia es tratar de arrebatar el territorio del otro, tomarlo: “eso es tuyo, pero lo quiero para mí”.

Está en la codicia de la mirada de lo que no se tiene o al irrumpir territorios virtuales, buscando frenéticamente atacar por redes sociales a quien no vaya con la opinión personal.

La violencia sucede fácil y es difícil pararla, porque ante ella se responde con mayor violencia y son más los personajes que la infligen que los que buscan provocar paz.

Lo que nos saca de la Etología y nos diferenciaría de los animales es el lenguaje, el habla, la diplomacia, la razón, el respeto por lo ajeno y la capacidad para detenernos, sino ¿qué seríamos? (O)