Unasur coloca otro eje al debate y a la agenda de seguridad

14 de febrero de 2012 - 00:00

María Emma Mejía lo ha dicho claro y en sus palabras se resume el pensamiento de los países que integran e impulsan la Unasur: “Que el gasto militar de la región sea transparente”. Y como ella misma lo destaca, de lograrse, sería un hecho histórico, inédito y con consecuencias favorables a una serie de procesos políticos y, por supuesto, de la misma seguridad.

¿Habrá algo parecido a esto? ¿Europa con todos sus procesos traumáticos y dolorosos tras la Segunda Guerra Mundial pudo llegar a propuestas y concreciones de esta magnitud? No será fácil hacerlo por acá. De hecho, como iniciativa regional, de varios países, tiene un peso político muy significativo, pero tampoco hay que ser ingenuo para reconocer cuántos intereses se juegan detrás de esas prácticas de ocultar cifras en el gasto militar, pues con ello se oculta también quiénes venden e intermedian en ese negocio.

¿Y qué implica que sea transparente? Aunque suene obvio: mostrar la realidad, no más. Pero esa decisión pasa por asumir como una responsabilidad regional para no generar ni “inventarse” conflictos y guerras para enriquecer a unos pequeños grupos o a potencias.

Con las cifras en la mano, además, sabremos todos cuál es el sentido que tiene para cada nación gobernar: a qué le dan prioridad con sus gastos y cuál es el rumbo que prefieren para sus pueblos.

Y, sobre todo, como lo destaca la misma secretaria de la Unasur, garantizar la paz y la confianza entre las naciones. Eso, a la luz de lo que hemos vivido entre países hermanos, con guerras de límites o de otra naturaleza, construye y propone otra agenda en temas de seguridad, pues hay fenómenos comunes (narcotráfico, trata de blancas, etc.) que podrían abordarse en conjunto para trabajar por el bienestar de la gente, y no para enriquecer a aquellos traficantes de armas.

Bienvenidos, entonces, el mensaje y la tarea de transparentar el gasto militar de Sudamérica.