Una semana para apelar a la memoria

26 de septiembre de 2011 - 00:00

Desde el 1 de septiembre de este año, El Telégrafo publica diariamente un especial sobre lo ocurrido en el 30-S. Y lo hace periodísticamente para establecer, ante sus lectores y la historia, cómo ocurrió este lamentable suceso y para reflexionar sobre la base de los datos, hechos y protagonistas.

Lo hasta ahora leído revela que ese acontecimiento es producto de un proceso de deterioro de la institucionalidad policial, el resquebrajamiento de la autoridad de sus mandos y comandantes, la desinformación y manipulación de ciertos actores políticos sobre la Ley de Servicio Público, las nefastas relaciones entre grupos del crimen organizado y gendarmes, a la par de una irresponsable tarea de algunos medios de comunicación para exacerbar las supuestas inconformidades de los servidores públicos.

El resultado: una sublevación que devino en intento de golpe de Estado y magnicidio. Todavía no terminan los juicios y serán las sentencias las que ratifiquen estas afirmaciones nacidas de la lectura de los hechos y de los testimonios.

Por ahora es también oportuno demandar responsabilidad pública y colectiva a todos los actores sociales y políticos para que esta semana se reflexione con madurez. Si los medios de comunicación ya empezaron a publicar sus enfoques, que sean basados en la indagación y no del prejuicio, y mucho menos de la actoría política, para unirse al coro de aquellos políticos, camuflados de periodistas, que solo buscan un culpable para interrumpir el proceso de transformación que vive el Ecuador.

Sin embargo, no hay que ilusionarse: hay un espíritu de cuerpo entre cierta prensa y la oposición para cimentar lo que para ellos es lo urgente: ganar las próximas elecciones deslegitimando todo acto, política y gestión del actual Gobierno.

Por eso hay, por ahora, un margen de reflexión que queda en manos y mente de la ciudadanía para que, sobre la base de los hechos, haga sus propias conclusiones y determinaciones.