Una oportunidad para el cambio

18 de mayo de 2011 - 00:00

El fin de semana pasado fue detenido en Nueva York el director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn. El alto funcionario  está acusado de perpetrar un ataque sexual contra la  empleada de un hotel.

No es la primera vez que lo involucran en este tipo de escándalos. La situación es sumamente delicada, ya que este personaje  figuraba como candidato a la presidencia de Francia.

Si bien  hay una presunción de inocencia y un juez -estadounidense, por cierto- deberá escuchar a las partes, analizar el caso y emitir un veredicto, estos acontecimientos no dejan de convertirse en una oportunidad histórica para reestructurar el FMI,  vieja aspiración de los países emergentes.

Durante décadas ha funcionado un pacto singular: los estadounidenses dirigen el Banco Mundial y los europeos hacen lo propio con el FMI.

Fue en las décadas de los 80 y 90, en pleno auge del neoliberalismo, que estas entidades multilaterales impusieron sus recetas económicas a las naciones del sur. Ese modelo se derrumbó y ahora, irónicamente, los que más necesitan del FMI son los países de la Unión Europea.

Grecia, Portugal e Irlanda son beneficiarios de un millonario préstamo para evitar que su deuda externa caiga en moratoria. La Unión Europea aporta con fondos, pero gran parte de ellos proviene del FMI. Si es un organismo internacional, todos los países deberían estar representados y las autoridades deberían ser elegidas de manera democrática. Esta ha sido la exigencia de Brasil, China y otras potencias emergentes. Por todo esto, la caída de Strauss-Kahn puede servir para que el FMI sea reestructurado. ¿Acaso ciudadanos del resto del mundo no tienen capacidad para dirigir una entidad de este tipo? Los países del sur deben unir  esfuerzos para que su voz sea escuchada, así el FMI podrá cambiar esa imagen que tiene en Latinoamérica: herramienta del imperialismo y creador de grandes crisis económicas.