Una ley que facilite y mejore la comunicación

- 16 de mayo de 2018 - 00:00

Entre varias de las ambigüedades de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC) figura la censura previa, lo cual significa que el medio no puede censurar, por ejemplo, a un articulista o a un periodista que, a juicio del editor, no cumple con elementales códigos deontológicos o afecte la honra de las personas; sin embargo, es el medio de comunicación el responsable de esa publicación bajo el eufemismo de la responsabilidad ulterior.

Bajo esa figura se cometieron las más insólitas arbitrariedades en contra de los medios, que se resumen en un total de 641 denuncias y 717 sanciones. El derecho a la réplica, que claramente señala que se debe otorgar en casos en los cuales se afecte la honra o la dignidad de las personas, fue otro instrumento de abuso de funcionarios para amedrentar a la prensa.

Cuando entró en vigencia la LOC, en 2014, se produjo el mayor número de denuncias y sanciones. Muchos medios no resistieron la presión y se vieron forzados a cerrar. En una de las decisiones más importantes, a pocos días de cumplir un año en el poder, el Presidente de la República anunció el envío a la Asamblea Nacional, el próximo viernes, del proyecto de reformas a la LOC que, entre sus puntos medulares, destaca la eliminación de la Superintendencia de Comunicación, que fue el ente sancionador de los medios y de los periodistas. A criterio de Lenín Moreno, la libertad de expresión no debe ser controlada ni vigilada por instituciones estatales, pero sí protegida.

Por muchos años nuestro país fue observado por organizaciones de libertad de prensa y expresión; también por organismos de derechos humanos, porque la libertad de opinar es un derecho consagrado en todos los tratados internacionales. El giro que da el Gobierno Nacional en esta materia es de una total apertura a la libertad y de respeto a quienes opinan a través de los medios de comunicación, y también por esa nueva vía denominada red social. El camino está trazado, el periodismo tiene una enorme responsabilidad, no con el Gobierno, sino con la sociedad y, principalmente, con la verdad. (O)