Una ecuatoriana que en EE.UU. sueña junto a los migrantes

- 28 de mayo de 2018 - 00:00

El sueño americano o europeo forma parte del anhelo legítimo que todo ciudadano tiene cuando en su país de origen no encuentra oportunidades o se le cierran las puertas para alcanzar una situación mejor. América, tanto en el sur como en el norte, fue siempre atractiva a la inmigración; de hecho, con excepción de los habitantes nativos, la mayoría proviene de otros continentes.

Ocurrió desde México hasta la Patagonia con los españoles y en el norte -Canadá y EE.UU.- con los ingleses, franceses y en general de todas las latitudes. Incluso la familia del actual presidente de EE.UU., quien se refiere a los inmigrantes ilegales con los peores calificativos, arribó de otro continente para también cumplir
un sueño.

Un sueño como el de la ecuatoriana Cristina Jiménez, que llegó a EE.UU. cuando tenía 13 años y ahora, sin renegar de su origen y con un estatus migratorio legal, lucha junto a miles de latinos que son explotados por su condición precaria y quieren evitar su deportación.

El mes anterior, la revista Time, de entre 100 personalidades, declaró a Jiménez como una de las personas más influyentes del mundo debido a su valiente lucha al frente de la entidad United We Dream, fundada en 2008, dedicada a ayudar especialmente a los jóvenes que llegaron a ese país junto a sus padres y que lo único que desean es una oportunidad para estudiar, como la tuvo Cristina Jiménez.

Ahora, con 33 años, lidera la red de 400.000 jóvenes mexicanos, ecuatorianos, centroamericanos, asiáticos y de todo el mundo que solo quieren ser legales para instruirse y superarse. Hija de una peluquera y de un guardia de seguridad, sus padres la llevaron a EE.UU. siendo niña. Tras culminar sus estudios universitarios optó por seguir una senda solidaria y organizó una red que se ha extendido a 18 estados de ese país. Pese al odio racial, ha logrado abrir espacios de debate sobre la situación de los ilegales.

“Hemos decidido no regresar a las sombras y seguir en la lucha”, así se expresó en una entrevista con este diario. Lo único que pide a los gobiernos es que los consulados asuman una posición proactiva y solidaria. (O)