Un ejemplo más de inconformidad

24 de junio de 2011 - 00:00

El verdadero periodismo ciudadano se está gestando en las calles de las capitales europeas, entre millones de jóvenes inconformes con la voracidad e inmoralidad del capitalismo que sigue apuntalado en los cimientos de una falsa democracia. Los medios utilizados para autoconvocarse son los mismos que compramos a nuestros hijos y nietos para que estén a tono con el tiempo en que viven. La diferencia está en el eje de sus preocupaciones que, vía email, chat, o messenger, son compartidas por otros que sienten el peso de un sistema injusto que les ha cerrado las posibilidades de progreso.

¿Será esta una nueva manera de hacer política? Posiblemente; lo cierto es que la desconfianza en los gobiernos de derecha, en los partidos y en sus voceros ha trazado la línea divisoria que hoy los separa. No es una expresión de fatalidad; es apenas un sentimiento contra quienes dinamitaron su presente y futuro en medio de la demagogia de una economía social de mercado codiciosa, desigual y exclusiva.

El blog “Espíritus animales”, por ejemplo, muestra cómo 10,9 millones de personas valen más que lo que producen 3.420 millones de semejantes.

¿Y cómo así? Imaginemos a un país cuya riqueza individual supone más que toda la producción de bienes y servicios de los 3.420 millones de personas de EE.UU., la Unión Europea, China, Japón e India, en un año. Para entenderlo hay que recurrir al índice de “Individuos de Alto Valor Neto” (HNVI, por sus siglas en inglés, y que es una persona dueña de un millón de dólares en activos) recomendado por la consultora francesa Capgemini y el banco de inversión Merrill Lynch/Bank of America. Según el resultado, los 10,9 millones de privilegiados tenían en 2010 un patrimonio de 42,7 billones de dólares; o sea que su riqueza equivalía al 73% de la producción de bienes y servicios del mundo. Es como si los habitantes de Ecuador (13 millones) tuvieran en activos invertibles todo lo que producen en un año los seres humanos citados. Y mientras los ricos, que son conservadores con su dinero, menos con el ajeno, se han recuperado de la crisis de 2008, el resto sufre sin empleo y sin vivienda.