Trump-Jong-un: el pacto que no agrada a todos

- 14 de junio de 2018 - 00:00

El misil estrella de Corea del Norte, el Hwasong-15, alcanzó una altura de 4.475 kilómetros (la distancia entre Guayaquil y Santiago) y recorrió otros 1.000 kilómetros antes de caer al mar. Fue la última prueba, con presencia en vivo del presidente Kim Jong-un, antes de declarar unilateralmente una moratoria de su programa nuclear que mantuvo en vilo a la comunidad internacional.

En Singapur, el líder norcoreano y su colega estadounidense, Donald Trump, sellaron un primer acuerdo que dejó dudas, pero al menos dejó atrás la guerra verbal de insultos y amenazas que se había prolongado por varios meses.

No se puede negar que fue un encuentro histórico, como acostumbra a mostrar la política y la diplomacia internacional tras un período largo de rencillas o de guerras. Fue una reunión marcada por prolongados apretones de manos, sonrisas, mutuos palmoteos de espalda y hasta “buena vibra”, como dijo por ahí un corresponsal que presenció el encuentro protocolario, que incluyó también un intercambio gastronómico, muy común en las cumbres presidenciales.

Restablecer la confianza que nunca existió entre los dos países también ayuda al optimismo, pero eso no es suficiente. El pacto es débil en cuanto al calendario para el desmantelamiento de las bases nucleares; solo habla de compromisos ulteriores para que se aplique.

Analistas de Estados Unidos, como Michael Kovrig, del International Crisis Group, ven una enorme victoria, “una gran jugada” de Kim Jong-un y para Trump no es más que un punto de partida positivo, pero las futuras negociaciones –advierte– serán largas y difíciles. Otros no ven más que retórica en el discurso presidencial estadounidense cuando asegura que la desnuclearización se concretará muy pronto.

Ahora corresponde a la comunidad internacional dar un seguimiento para verificar que los acuerdos se cumplan; porque los mismos analistas recuerdan que hace 25 años Pionyang prometió lo mismo, habló de paz, pero solo se ocupó en tratar de convertirse en una potencia nuclear. (O)