Una transición normal en la Asamblea Nacional

- 16 de mayo de 2019 - 00:00

En tono de indignación, los mismos que controlaron la Asamblea Nacional durante diez años, sin permitir que ningún legislador de otro partido integre las principales comisiones o la dirección del ente legislativo, ahora se quejan de que no fueron incluidos en el proceso de conformación del nuevo período que ahora será presidido por el asambleísta César Litardo, que consiguió 78 votos para suceder en esa función a Elizabeth Cabezas; todos los demás nombramientos fueron decididos con más de 90 votos.

Los que antes dirigieron la Asamblea dicen que se los pretende congelar, es decir, hacer lo mismo que años atrás les parecía completamente normal, y temen que se los envíe a otras comisiones que supuestamente tienen menor relevancia.

El país requiere de gobernabilidad, no de obstrucción, y por eso es importante que la transición se haya producido sin incidentes y que los dos vicepresidentes sean de partidos diferentes al del presidente Litardo, de Alianza PAIS. El primer vicepresidente, César Solórzano, es de Sociedad Patriótica; el segundo es Patricio Donoso, de CREO.

En la Asamblea actual no hay un partido único o hegemónico, hay diversidad de ideas y de militancia, por lo tanto, el diálogo está garantizado. La agenda parlamentaria -dijo el nuevo presidente- será propia y se coordinará con las otras funciones del Estado, respetando siempre la autonomía y la independencia.

El nuevo presidente de la Asamblea Nacional es de la provincia de Los Ríos, fue concejal en el Municipio de Quevedo, y también fue dirigente deportivo. Sus primeras declaraciones giraron en torno a lo que él considera a la independencia y la autonomía de la Función Legislativa; planteó alejar a la Asamblea Nacional de los conflictos inútiles, buscar la estabilidad política y elaborar leyes que beneficien a todos los ecuatorianos.

Una coincidencia importante, no solo con el Gobierno, sino también con la ciudadanía, es su postura de lucha contra la corrupción. El país no puede volver al pasado, ni a los enfrentamientos físicos y verbales, tampoco a aprobar proyectos sin debates y solo con levantar el dedo. (O)